viernes, 25 de enero de 2013

NO ESTOY INTERESADO

No estoy interesado en comprar nada, señorita,
mi billetera esta vacía
y mi alma llena,
así que por ahora
nada más necesito.

Sí, sé que está barato y es de diseño italiano,
pero tengo mucho tiempo para todo
y me gustan los amaneceres con frío,
amo el ron y a las viejitas alcohólicas,
sueño mientras ando en bus,
así que por ahora
no haré ninguna compra.

Claro, comprendo, señorita, que si llevo dos me regalan el tercero,
pero bebí cielo en la tarde
y me comí un par de grillos saltones
que ahora viven en mis tripas,
siento la caricia del suelo terroso de la granja
de un desconocido que vive de la pobreza,
y tengo una cita
para salir en hombros de los toros que sonríen
maliciosamente
al ver obras de Shakespeare.
En mi tablero anoté grandote:
Cita para almorzar con la tristeza de una pequeña vereda mediterránea en otoño.

No estoy negando, en ningún momento, que sea un revolucionario producto el que me presenta,
pero no tengo tiempo para aprovecharlo,
si no es tiempo perdido no lo quiero,
y mi tiempo vale un penique, y por eso
no lo vendo.

time is rime.

Estoy ocupado,
debo recoger las gotas del rocío para rendir mis acuarelas,
me urge partir,
me espera el silencio ruidoso del amanecer.

HAY QUE ENTREGARSE

Hay que entregarse,
lo demás viene por añadidura.

hay que dejarse caer de espaldas
sin mirar,
sobre el vacío,
que una legión de pétalos,
por accidente,
habrán de sostenernos.

Empecemos a nadar en el océano,
aspirando a llegar al sol,
sin respirar y con asfixia,
pedaleemos con nuestro brazos
como si muriéramos,
que despertaremos del sueño
en el vientre de la madre universal.

Luchemos, y entreguémonos a la lucha
que el resto viene por añadidura,
el pan, el vino, el amor de las estrellas,
llegarán a nuestras mesas.

Los que saben cantar canten,
así tengan las gargantas secas de tanto desierto,
los que saben escribir escriban,
por más que a veces no valga la pena
llorar el alma en tinta
para que sólo queden letras,

los que saben correr
corran con la sangre en sus sienes,
en sus miles,
en sus diezmiles,

corran con la furia de la trompeta
que explota cuando ya no sabe  más qué tocar,
corran con el grito de un obrero
que se cansa y se va para su casa
a entregarse a su esposa.

Que los que quieren ganar
siempre pierden

y sólo llegaremos
los que nos entregamos.