viernes, 31 de enero de 2014

CUENTOS DE AMOR VACIO 2: ES TARDE, SOLÉ




Si se quedan ahí mirándome, esperando a que cuente toda

la historia y se los confiese todo, pues sí, me enamoré de

Solé, tarde, demasiado, eran muchas las cosas que habíamos

pasado juntos, las fiestas, los viajes… nos encontrábamos

por casualidad todo el tiempo, Solé estaba hasta en

la sopa, pero nada tenía que ver con el amor,

en ese viaje yo había tomado demasiado, estaba echado

sobre la arena viendo a Solé hablar con Juan, se habían

conocido gracias a mí, Juan era mi amigo y ahora era el

novio de Solé, sin exagerar, eso pasaba siempre, mis amigos

se volvían sus novios, bueno, exagero un poco, pero

nunca le vi problema a eso,

hasta yo llevé a Juan ese día que me iba a ver con Solé

a sabiendas de que se iban a gustar y así fue, estábamos

en la bolera San Francisco, esa que queda en la plaza de

la Universidad del Rosario, en un sótano, estábamos ahí

con un combo jugando bolos, tomando cerveza y cuando

menos me di cuenta, ya Solé y Juan estaban sentados al

lado,

pero en Tolú, esa noche junto al mar, yo estaba muy borracho,

me sentía como si estuviera dentro de una botella

en la que apenas cabía…

Juan y Solé estaban recién cuadrados y era su primer

viaje juntos, estaban muy cariñosos, pero para mí era como

si Juan no estuviera, únicamente Solé, yo no veía ni

oía a Juan, sólo a Solé y me sentí enamorado de ella, como

siempre debió ser,

fue Solé desde el primer día que la conocí la mujer perfecta

para mí, es decir, tenía todos los defectos del mundo,

pero defectos que me gustaban, despreocupada, irresponsable,

bebía como cosaco, no pensaba en su futuro y le

gustaba viajar, bueno, también leía un poco y le encantaba

el cine, pero eso era llevadero, y claro, era linda, no tanto

como para volverme loco por ella, pero era, o es, linda,

¿Y entonces, dirán, Por qué todo este tiempo sin que

pasara nada? Bueno, la primera noche que la vi lo pensé,

era tremenda fiesta, los cumpleaños de Juanita, la vez que

le quemaron el tapete a la casa con la olla de maíz pira incendiada

que trataron de botar por la ventana sin abrir el

vidrio, esa noche resultamos hablando, sí, como la historia

del ascensor,

no sé si ustedes han pensado en lo del ascensor, el mayor

golpe de suerte que puede tener un hombre es quedar

atrapado en un ascensor con una mujer bonita por un par

de horas, según un amigo a un tío de él le paso, y fue así

como conoció a la mujer que después sería su esposa, pero

yo no le creí de a mucho cuando contó esa historia, es

muy poco creíble que eso pase,

pues yo estaba en la fiesta con unos amigos, Solé con

otros y resultamos en el mismo grupo, la gente se fue alejando

y terminamos uno al lado del otro hablando, pero

esa charla nunca acabó, y cuando me di cuenta habían pasado

meses en los que no paramos de hablar, al fin y al cabo

lo que hacíamos era hablar, habíamos hablado tanto

que ya era demasiado tarde como para intentar un beso,

así que nunca se me pasó por la cabeza,

miento, se me pasó, pero no estando con Solé, es decir,

podía estar con ella, pero no en su presencia, estábamos

en un bar y se me ocurría cuando ella iba al baño, o caminábamos

por la calle y ella entraba a una cabina para

llamar, mientras yo la esperaba afuera me decía: -debería

besarla- pero apenas salía, ya se me iba la idea,

me gustaba estar al lado de ella, me gustaba que los

demás me vieran con ella y se imaginaran cosas, que tras

un rato de no llegar a ninguna conclusión se atrevieran a

preguntarme si había algo entre Solé y yo, al saber que

éramos amigos perdían la pena y atacaban, ella siempre

me contaba lo que le decían, que bailaba muy bien, que

tenía ojos bonitos, que tenía una personalidad magnética,

que era demasiado alegre, que sonreía con toda la cara,

incluso con todo el cuerpo, todo era verdad, yo lo sabía, lo

noté desde el día en que nos conocimos, pero yo nunca se

lo dije, los que se lo decían estaban interesados en ella, yo

no,

empezamos a conocernos novios y novias, ella cambiaba

más pronto que yo y no se mantenía mucho tiempo sola,

ya estaba yo acostumbrado a que cada vez que nos

dejábamos de ver más de quince días ella apareciera con

un nuevo novio,

una vez yo la vi el viernes con un tipo, terminó con él el

domingo y cuando nos encontramos el miércoles en la

Séptima frente a la Javeriana, que yo iba a hacer unas

vueltas de unos papeles, ella iba a recoger al novio que estudiaba

allá, pero otro novio, yo por un terrible lapsus, al

saludarlo pensé que era el mismo de la semana pasada

durante toda la conversación, hasta que me despedí y le

dije el nombre y el tipo me corrigió,

les dice novios y los presenta como tal, pero siempre he

creído que ella no le da mucho valor a esa palabra, la usa

porque no conoce otra para nombrar al tipo que la acompaña,

mientras más amigos nos hacíamos, menos planeábamos

encontrarnos, iba a la casa de Juanita y ahí estaba

Solé, iba al bar de la 45 y ahí estaba Solé, caminaba por la

Candelaria y ahí estaba Solé, no era tanto casualidad, sino

que girábamos en torno a las mismas cosas, pero para viajar

sí nos poníamos de acuerdo, invitábamos a más gente,

hasta me tocó hacer mal tercio alguna vez, como en ese

viaje con Juan, eso ya se los voy a contar,

los dos teníamos una idea parecida de lo que es un

buen viaje, tranquilidad más que diversión, esfuerzo físico

sobre comodidad, soledad mejor que gritería, preferible

frío que calor, y movimiento mejor que quietud, hablar

con ella muchas veces era una forma de constatar mis

ideas, escucharla hablar para decir cierto que tengo razón,

o era lo que pasaba antes de ese último viaje a la playa…

que poca paciencia, pero bueno, tienen razón, ya no

más vueltas y vamos al meollo del asunto,

Solé estaba saliendo con Juan hacía como tres semanas

cuando me llamó para invitarme a un viaje a Tolú, ella conocía

una playa medio escondida, no contó más, esperó a

que yo contestara que me parecía una buena idea, dijo

que luego me volvía a llamar y colgó, me molestó un poco,

yo sabía que recién estaba con Juan, ¿Por qué no iba

con él? Era para que fueran solos, pero ella no quería estar

sola con él, en verdad Solé no podía soportar a los

hombres, no sé por qué nunca estaba sola si la verdad no

soportaba demasiado a la gente, ni siquiera en las fiestas

podía estar toda la noche bailando o hablando con su novio

de turno, siempre se les escabullía, a veces conmigo y

nos dábamos una vuelta por la ciudad para regresar un

par de horas más tarde a la fiesta con alguna tonta disculpa,

al regresar los tipos se ponían en mi contra y Solé como

si nada,

Solé no era una buena compañía para ningún hombre,

les daba unos días en los que los hacía sentirse los reyes

del mundo y luego, sin más ni más, empezaba a despreciarlos

y ese desprecio nunca era bien disimulado, al final,

pum, sin mucho protocolo los dejaba abandonados en el

lugar menos esperado, un cuarto, una fiesta, un pueblo en

la mitad de la nada,

ahora ella quería que yo le sirviera nuevamente de válvula

de escape en su viaje con Juan, no me dejó mucha salida,

ella sabía que yo era incapaz de decirle que no…

bueno, sí,a sabiendas de todo eso me vi en un bus viajando

a la playa, Solé estaba en su asiento junto a Juan, en

una melosería tremenda, así estarían hasta que Solé se

hartara de Juan y me buscara para respirar, pero no nos

adelantemos,

como decía, ella iba sentada junto a Juan y yo iba sentado

junto a un barrigón, con el ombligo por fuera, oliendo

a cerveza y ajo, que se estaba quedando dormido

sobre mí, me corrí todo lo que pude pero no me lo pude

quitar de encima, fui su colchón… eso, ríanse, ríanse todo

lo que quieran que yo no sigo contando,

ya en Tolú las cosas mejoraron, cogimos un taxi en el

centro del pueblo, Solé le dijo que nos llevara hasta playa

Del Francés, llegamos ahí por un camino que bordeaba toda

la costa del mar azulísimo de Tolú, conseguimos una

cabaña barata para pasar el fin de semana, tenía dos cuartos

diminutos, una pequeña cocinita y en el frente había

una mesa con cuatro sillas para comer al aire libre escuchando

el mar, porque desde ahí no se alcanzaba a ver,

pero el paisaje no estaba nada mal, era temporada baja,

así que la playa estaba casi sola para nosotros tres, aunque

eso me condenaba a la soltería,

desempacamos, Solé se bañó mientras Juan y yo tomábamos

una cerveza en el comedor al aire libre, luego fuimos

los tres a un caserío de cinco chozas que quedaba a

cinco minutos a pie de la cabaña, compramos comida y

dos botellas de un licor de dudoso envase que nos ofreció

un viejito frente a la única tienda de por ahí, era aguardiente

artesanal, así que la ausencia de etiqueta y su aspecto

turbio eran de esperarse, abrimos una de las

botellas frente al viejito, le dimos un sorbo, Juan casi lo

escupe, yo hice cara de estar quemándome aunque era

pura actuación, la verdad no era tan fuerte, y Solé sonrió

como si fuera néctar de durazno y felicitó al viejito por su

buen chirrinchi, sólo para lucirse,

habíamos llegado a las dos de la tarde al pueblo, así

que ya atardecía, nosotros caminábamos por la playa y

nos bebíamos el aguardiente que cada vez se ponía mejor,

Solé hablaba mucho, yo le seguía el ritmo, Juan casi andaba

en silencio,

ahora se me ocurre que quisiera contar la historia de

Juan, podría ser mejor, pero como no es mi historia nada

puedo decir al respecto,cosas que supongo, la inseguridad

que le producía que Solé y yo fuéramos tan amigos, ¿Qué

hacía yo ahí? Los primeros días de un romance siempre

son los que vale la pena contar, pero yo tengo es esta historia,

un inicio también, pero de otra cosa,

bueno, la primera botella se acabó y yo ya estaba completamente

ebrio, Solé había tomado parejo conmigo pero

se veía entera, a lo mejor yo también me veía entero, pero

no lo estaba, Juan apenas había tomado unos cuatro sorbos

pero parecía estar transfigurado, bastante contento, a

coger a Solé todo el tiempo, la abrazaba hasta casi no dejarla

caminar, ya no le importaba que yo estuviera, al fin

se fueron los dos de bruces sobre la arena y se rieron con

una tierna camaradería que llegaba a lo cursi, ¿Cuál es la

frontera entre lo cursi y lo romántico? Yo no creo que exista

tal frontera, son lo mismo, sólo que es romántico si lo

hace uno y cursi si lo hace otro. Solé y Juan eran cursis,

se sentaron sobre la arena y siguieron hablando entre

ellos, yo me senté a unos metros sintiéndome entonado,

pasaron unos minutos, abrí la segunda botella y empecé a

tomar, ahí fue que en verdad me emborraché, veía cada

vez más lejos la playa, a Juan, la cabaña, mi ciudad, el

mundo y veía cada vez más cerca a Solé, como si ella pudiera

oírme pensar, sentir, enamorarme de ella, YO ahí,

enamorado de Solé, mientras ella abrazaba a su novio de

turno, YO era romántico, estaba frente a mí nuestra historia,

clarita, el camino recorrido para estar en esa playa,

descubría ese fuerte sentimiento que tardó años y mucho

aguardiente en salir, todo tenía un sentido más grandioso,

el mar, la brisa, mi soledad ¿Qué sé yo de poesía? Nada,

las confusas clases de Español en el colegio, poemas que

el profesor del colegio se sabía de memoria y que quería

que también nosotros nos aprendiéramos de memoria,

la noche ya no podía transcurrir normalmente, ahora

trataba que Solé cayera en cuenta que yo era el hombre

con el que debía estar, nada preciso, sólo hablar de esas

cosas en las que estábamos de acuerdo, hacerla ver que

queríamos lo mismo de la vida, pero a ella el alcohol la

patió por otro lado, ahora resultaba que todo lo que yo

decía era un error, me refutaba todo, se burlaba de mis

ideas, le metía sarcasmo a todo, la que hasta hace unos

días había sido mi aliada, ahora me ridiculizaba por cualquier

cosa que dijera, no podía odiarla más en ese momento,

así que reaccioné de manera natural ante su

maltrato e indiferencia y me enamoré más,

amor y odio, como dice todo el mundo, van de la mano,

a lo mejor eso que llamamos odio no es otra cosa que

impotencia de no verlas a nuestros pies, odiamos por no

entender que las mujeres pueden no querernos, o pueden

querernos a medias o pueden no querernos igual todo el

tiempo o pueden tener razones que no sabemos porque no

somos ellas, o pueden ser simplemente estúpidas, como

Solé,

ahora me sentía insoportablemente atraído por ella, en

lo físico, empecé a fantasear con encuentros nocturnos,

cuando Juan ya se hubiera dormido, pensaba que no era

tan imposible, que tal vez al notar ella que ahora mis sentimientos

habían cambiado también los de ella cambiaran,

luego me entraba la desesperación, la veía lejana, inalcanzable,

agaché un poco la cabeza, me esforzaba por estar

melancólico y meditabundo, Solé lo notó y dijo que ya

me iba a tumbar el chirrinchi, en ese momento la segunda

botella se había acabado y estábamos en la cabaña, hablando

de pie en la cocina, Juan propuso ir a dormir, Solé

aún no tenía sueño, yo tampoco, propuse ir al mercado

por unas cervezas, Solé estuvo de acuerdo, Juan se negó y

prefirió irse a dormir, claro, dejaba a su novia con il castrato,

película jarta, no había peligro, más tarde se la regresaría

intacta, no señor, esta vez sería diferente,

apenas salimos Solé empezó a hablar de Juan, dijo que

era un gran tipo, que lo quería mucho, pero… y comenzó

a soltarla toda en su contra, al parecer Juan era uno de los

peores tipos sobre el planeta tierra, no me quedó muy claro,

pero debía serlo para que ella se pasara todo el camino

hasta la tienda hablando mal de él,

compramos un six pack, y nos sentamos en una banca

que quedaba a unos pasos frente a la tienda que ya estaba

cerrando, resultamos casi a oscuras hablando de cosas de

Solé, nadie como yo sabía tanto de la vida de Solé, podía

contarme cualquier historia que yo entendía sin tener que

dar demasiadas explicaciones, decir estábamos con María,

y yo sabía a quién se refería, dónde y cuándo, de tanto hablar

de lo mismo sentí que esa conversación ya la habíamos

tenido y me dieron ganas de hacerle moño con la

camiseta,

¿Conocen lo del moño? ¿No? Es un cuento de mi papá

y los amigos, como esos viejos se la pasan contando las

mismas historias una y otra vez, cuando alguno está repitiendo

una historia que todos se saben, cogen con la mano

y aprietan con el puño cerrado la camisa, formando un

moño, yo le conté alguna vez a Solé y ella sabía el cuento,

ahora no le hice moño, aunque parecíamos repitiendo

una lección que los dos nos sabíamos para memorizarla

mejor, ella me aclaraba lo que yo no sabía o no recordaba

bien, yo le daba otras ópticas del asunto,

al final de la segunda cerveza Solé se recostó en mi

hombro, la brisa estaba fuerte y hacía frío, la cerveza no

me había emborrachado más, al contrario, parecía ponerme

sobrio, la magia del aguardiente y el atardecer en la

playa se había esfumado, estaba cansado y las tripas me

dolían, también tenía ganas de orinar, sentí la cabeza de

Solé sobre mi hombro como una molestia ¿Qué hacer ahora?

¿Dejar de respirar para no molestarla? ¿Seguir hablando

hasta que ella volviera a erguirse? ¿Besarla? ¿Hablarle

de mis sentimientos? No, todo era imposible, todo era una

calle sin salida, y sólo me quedaba ese profundo conocimiento

de la vida de Solé, como si fuera un libro de historia,

me sentí como esos profesores sin vida propia que se

creen mucho por saberse el contenido de unos libros, a veces

de memoria como el de Español, pueden saberlos de

memoria, pero ellos no los escribieron, sólo los repiten para

tratar de apropiárselos, robarlos porque no tienen los

propios, yo era un usurpador de la vida de Solé, no podía

amarla, era una tontería, era demasiado tarde.

¿Y?… si siguen esperando un desenlace voy a tener que

improvisar una conclusión para la historia.Creo que la enseñanza

de esto es que para amar a una mujer ella debe

resultar un misterio, ser desconocida, un rostro hermoso

que se nos cruzó por la calle, algo ignorado completamente,

y ya no me sacan una palabras más sobre el asunto.