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viernes, 24 de enero de 2014

CUENTOS DE AMOR VACIO 1: LA NOVIA DEL EXTRANJERO


Al comienzo usted no era más que un rumor, palabras en la boca de mi madre, cháchara inconexa y borrosa. Ruido. Era una mujer, inteligente, con estudios, correctísima ala, trabajadora, de bien, me aburría, se me escapaba la mente mientras mi mamá trataba de vendérmela, pensaba yo en el dolor áspero que tenía en el pecho, la falta de sueño, la inapetencia. Entonces escuché: se va a casar. ¿y a qué viene toda esta charla? Tengo que irme amá.

Por alguna razón su nombre me quedo grabado (Laura) y cuando lo volví a escuchar la recordé, no a usted, sólo la vaga idea de su existencia. Mi mamá tenía una reunión, me pedía que la acompañara, Laura iba a estar, ¿recuerdas…, la mujer de la que te hablé? Sí, la recordaba. No sé por qué. 

Acepté ir a la reunión; forcé a mi mamá para que me fastidiara un poco, insistiéndome en ir con ella, para al final terminar aceptando a regañadientes. La verdad es que tenía curiosidad de saber cómo era usted, no qué personalidad tenía, sólo saber si era bonita. Pienso yo que es natural en un hombre sentir este tipo de curiosidad, lo hacemos todo el tiempo; pero no estamos preparados para que realmente esa curiosidad se convierta en un descubrimiento, en el fondo sólo se espera ser defraudado.

La reunión era en un apartamento en el Centro. De entrada me arrepentí: la situación consistía en una veintena de personas, unos sentados en sofás otros de pie, agrupados en pequeños números, sosteniendo conversaciones de temas que no se dan entre amigos, una mesa con demasiados pasabocas y con muy poco licor. Para fumar había que salir al balcón.

Mi entretención era adivinar quién era usted, mujer, recatada, de veinticinco, blanca, ojos grandes, labios rojos, sin maquillaje, pistas falsas todas, usted según mi capricho. Nadie se ajustaba, sólo habladoras, escotadas, putas elegantes, caras, negadoras de su condición de putas porque estudiaron alguna carrera universitaria de utilidad sospechosa; ni una sola posible ama de casa, sólo mujeres modernas, de esas que hablan fuerte, ríen de manera desproporcionada y se creen más inteligentes que los hombres, como si eso fuera algo de admirar.

Mi mamá se perdió entre los asistentes a la reunión, se hundió entre saludos y abrazos más o menos cordiales, se la tragaron los escotes y los dientes de las mujeres que seguro tuvieron tratamientos de ortodoncia en la adolescencia; yo me quedé muy cerca de la puerta, así no tenía que caminar mucho para entrar, ni mucho para salir. Por poco que sea el licor, siempre ayuda a que pase el tiempo y el peso de la vida social se haga llevadero, ya ni quería irme cuando mi mamá vino caminando hacia mí, la llevaba a usted de la mano. No lo alcancé a imaginar. Me la presentó y sin disimular se fue para dejarnos solos. A mí, un ser vacío y abominable, y a usted, una mujer de futuro prometedor y comprometida, pero es que el futuro no es más que una promesa incumplida y el demonio esta en todas partes, hasta en las buenas intenciones de una madre.

Empezamos a hablar y a los cinco minutos ya estaba enamorado de usted. Veía sus ojos hermosos y hablábamos de cosas de la infancia, usted sonreía y yo deseaba besarla, al menos en la mejilla, sentir su piel de seda, nunca le dije esa tarde que sus ojos eran hermosos, odio ser sincero con las mujeres, creo que la sinceridad es la forma más baja de cortejo: eres muy linda, me gustas, qué bien me caíste; todo eso es cierto, pero ¿decirlo sólo para tenerla desnuda, despeinada y apretujada contra mi cuerpo? Me parece cosa despreciable. Yo sólo quería ser ideal para usted, decir lo correcto, parecerle un buen tipo, aunque no lo fuera, no mencioné mis hábitos parasitarios, soy alcohólico, soy un miserable sin sentimientos bondadosos, ¡váyase! Usted era una buena mujer y nunca antes me había gustado una buena mujer, así que callé. Fue un acto de egoísmo y maldad, no de amor. Creo que nunca tuve un acto de amor frente a usted.

Cometí dos pecados ese día. No contarle quién era yo realmente, y pedirle su teléfono, la excusa era consultar su opinión sobre unos cuentos que yo había escrito, usted trabajaba en una editorial, pero yo no había escrito nunca un cuento. No hablamos de que usted se iba a casar, pero yo lo sabía. ¿Por qué usted también calló esa parte? ¿Qué estaba pensando de mí? ¿Por qué me dio su teléfono?

Esa noche, regresando a la casa, mi mamá volvió a hablarme de usted, pero esta vez presté toda mi atención. Su novio trabajaba en Australia, en dos meses vendría para el matrimonio, usted quería seguir trabajando, quería seguir en su ciudad, pero eso lo tenían que decidir entre los dos. Dos meses, es muy poco puto tiempo. sentencia de muerte, dos meses para el fusilamiento, cada día viviendo la muerte, ¿se hacen largos o cortos? ¿Cómo será saber que se va a morir? En ese momento pensé en esas cosas, y en la angustia insensata que me vino de repente.

Al recordar esos días sigo sin tener claridad sobre mis verdaderas intenciones frente a usted, puedo decir que obré de manera irreflexiva: la llamé sin siquiera haber escrito los benditos cuentos, tampoco los mencioné en la conversación, nunca más volvimos a hablar de los cuentos, yo nunca escribí un cuento en toda mi vida. Sólo le escribí una nota una vez, la de aquella noche del chiste del aguardiente.

Quedamos de vernos al día siguiente en una cafetería que los dos conocíamos y que al parecer nos quedaba bien. 

Esa tarde nos hicimos amigos, claro, seguía sin mencionarse mi pasado y su matrimonio. Empecé a pensar que usted lo sabía todo, así como yo sabía lo de su novio en el extranjero. Sin mencionar eso, obviando eso, negando eso, fue fácil nuestra amistad. Nos vimos varias veces durante las siguientes semanas; a veces eran cortos encuentros para comer, otras veces largas charlas en cafés hasta que nos avisaban que iban a cerrar ya en la madrugada.

Al mes de conocernos yo desaparecí, usted no supo que pasó conmigo, yo nunca le conté, supongo que sospechaba la razón. En esos días volví a mis antiguas amistades, regresé a mis lugares habituales, tomaba toda la noche, confundía rostros y canciones, besaba prostitutas con o sin pago, abrazaba desconocidos y me daba trompadas con mis amigos, vomitaba bajo las mesas y lloraba sin razón en los baños, me arrastraba en la madrugada hasta la puerta de la casa en donde dormía hasta que alguien me entrara cargado, vivía sólo para despertarme en la tarde siguiente y salir a buscar una cerveza y un compañero con el que pudiera hablar, todo terminaba en borrachera, nos decidíamos por ir al bar ese o al prostíbulo aquel, volvía la música, el grito, el aguardiente, el argumento insensato, el desvarío, los extraños que titilaban en mis ojos como lucecitas y que algunas veces desaparecían sin siquiera existir en mi consciencia, las calles, a veces nuevas, a veces repetidas, los tropezones, el barro en mis rodillas, moretones, sangre en las canillas, reptar hasta la puerta de mi casa, esperar que alguien me lleve a la cama.

Pero esta vez, y aunque suene estúpido, había algo diferente: de repente, usted aparecía varias veces en esas noches. No es que me emborrachara por usted, yo me emborrachaba porque es la única cosa que he sabido hacer en la vida, pero en medio de mi borrachera pensaba en usted, con cierto gustito como de acidez bajo la lengua, con cierta loca esperanza, también con maligna melancolía, como si su existencia me salvara de mi perdición, no de forma material, sólo de manera intangible, etérea si se quiere, pero cierta.

Ahora no sólo me quedaba dormido sobre una mesa húmeda de cerveza y sucia de ceniza, sino que lo hacía sin usted, sin su conocimiento. Pensé cierto día que debía volver a buscarla. Habían pasado tal vez quince días que para mí habían significado apenas unos pocos instantes de confusión, era demasiado tarde para volver a buscarla pero aun así lo hice.

Siempre le agradeceré la forma en la que respondió a mi llamada, se mostró tan alegre, tan satisfecha, con tantos deseos de verme, que de inmediato sentí como todos los tóxicos que habían entrado en mi cuerpo los días anteriores salían y me dejaban en paz.

Esa vez nos vimos en su apartamento. Usted dijo que quería invitarme a almorzar. No llevé vino, me pareció demasiado ridículo llegar a su puerta y esperar a que me abriera mientras sostenía ese detalle de sobria elegancia, adoptando una postura con decorosa etiqueta, a manera de mostrador ambulante. Llevé una botella de aguardiente, a usted le pareció graciosa la ocurrencia.


Pensé en mi mamá como un jugador de ajedrez que desde la primera movida ya preconfigura todo el juego, ¿yo sería su opositor que creía jugar para sí y lo único que hacía era seguir el curso del juego planteado por otro, o mas bien sería una ficha en el tablero sin la menor posibilidad de decidir? ¿Y si no fuera mi mamá la que esta detrás de todo esto, sino una fuerza superior, un jugador que ni se interesa en el juego y sólo mueve las fichas casi sin mirar y sin preocuparse por el destino de esas figuritas de madera talladas por el tiempo y olvidadas en el tablero polvoriento? El jugador todopoderoso mueve las fichas mientras ve su programa de televisión favorito, a continuación se limpia los dedos del polvo con un ligero gesto de malestar y prosigue a tomar una presa de pollo que esta en un plato junto al tablero de juego.

Estaba ebrio, a su lado, como lo he estado un millón de veces más. Jamás mencionamos al hombre con el que usted se iba a casar, tampoco hubo reproches cuando salí demasiado temprano huyendo de lo que sentí esa noche, amor, amor puro, amor de escolar, amor salvador y rejuvenecedor, y sólo, en mi carrera de huida, le deje esa nota: jaque al rey caído, la llamo pronto. No hubo reproches cuando yo regresaba a sus brazos después de desaparecer por semanas. Nadie ganó el juego, todos perdimos. Todos estos años no me atreví a confesármelo, lo veía pero de soslayo, prefería pensar que era una sombra borrosa de otra cosa y no de la derrota de mi madre, del esposo que nunca tuvo, de usted y de mí.








domingo, 5 de mayo de 2013

POEMA DE AMOR Y DESPEDIDA

¡Qué tarde es para todo!,
y llegan tarde estas palabras,
así debe ser para que tengan algún valor,
para que no sean ruego
ni cortejo

Sólo es el amor que se queda en el aire,
la vaga sensación de una vida juntos,
entrega absoluta
y resistencia al olvido.
El himno glorioso de una muerte intrascendente.
El poema de nuestro amor
que le quedé debiendo.

No es este el pago de la deuda,
es otra cosa,
no un adiós
no un para siempre,

es un beso en la mejilla,
son dos manos entrelazadas
que se sueltan delicadamente
en la sala de espera de un aeropuerto;
Una despedida sin viaje,
Un funeral sin cadáver,

es el instante en el que el llanto apagado
cede al sueño.

Y aquí me siento
a verte partir sin que ya estés,
pasando la noche en vela
al pie del ataúd vació de nuestros días juntos.

¿Qué tanto hay para recordar?
Demasiado,
un  mundo,
universos de vida,
madrugadas frías
ocultándonos en las cobijas,
silencios, canciones y llantos en las carreteras del abismo.

Voy mas atrás y recuerdo un encuentro,
nuestras primeras citas tímidas,
tu rostro, tus palabras…
Si te recuerdo sólo puedo amarte.

Te vas y me voy,
¿qué hay más triste que eso?
Quedarnos y destruir los recuerdos con realidades.
Vámonos para salvar lo que fuimos juntos,
¿estamos de acuerdo en eso?

Ahora que estoy solo
y no son más estas palabras para ella,
ahora que son murmullos de borracho,
puedo desvariar un poco
y verla partir mil veces,
imaginar su cuerpo alejarse,
una leve mirada por encima del hombro
como queriendo quedarse,
diciéndose a si misma:
no lo miro,
si le doy una mirada no podré irme.

Y se va,
llevándose con ella muchas más cosas de las que cree.

Se va con mi redención,
con mis buenos pensamientos,
mis modales
y mi cara cordial.

En su maleta empacó las fotografías de paisajes hermosos,
los colores cálidos,
las canciones de cuna,
las risas de los niños que nadan en el mar.

Se lleva mi desayuno,
mi almuerzo y mi comida,
mi adultez, mi juventud,
mi vejez,

y se lleva a ella, que es lo que más me destruye. 

En su vientre se lleva
los hijos que no quise tener,
el abrigo, la dulzura,
la vida,
pero no cualquier vida,
sino esa que se da los domingos en el parque,
los lunes en los recreos de colegio,
en las tardes cuando nos sirven café.

¿Y por qué dejar ir todo eso?
¿Por qué no luchar?

Tal vez tenemos cosas rotas en el alma 
contra las que no se puede…
No valen las buenas intenciones,

a veces la única salida para no acabar con un bello amor,
es terminar con él,

y eso fue lo que paso en mi caso.

jueves, 11 de abril de 2013

PAPELES PICADOS

Llueven del cielo papelitos
que llevan escritos los destinos de los pueblos
jirones de la historia que se hace
que se vive
que es estallido
lucha contra la corriente
asfixia  ahogo y muerte

Renacer

Shocks eléctricos  sufrimiento  muerte

Renacer

Y caen del cielo los dichosos papelitos
con canciones de rock y de protesta
con metáforas y palabras escuetas
con discurso y grito
con murmullo de presidio
revolotean por el cielo los papeles
y conmueven al caminante, al marchante
al huelguista, al mirón de ventana
al desocupado, al desempleado,
al puto muerto de hambre
conmueven
por ser victoria dentro de los que es
una derrota perpetua
un triunfo antes de que todo muera
antes de que todos muramos
derrotados o en la cárcel
escondidos llenos de miedo
tratando de pagar nuestras cuentas
o frente al pelotón de fusilamiento

Suena la música gloriosa en mis oídos
y los discursos eufóricos y aclamados
las voces al unísono que claman apenas lo justo
los pasos agigantados de cambio
o de vuelta al principio
pasos hacia alguna utopía.

Suena —Y esta es bendición imperdonable—
el amor acallando al odio

Odiar lo odioso es amar  así se exprese como odio

Hay sonido que me rodea
e imágenes de banderas multicolores que ondean
hay vida y palpitares
hay hacia delante
y posibilidad de dar el paso
hay todo lo que falta
al menos sobre el papel
sobre esos papeles picados que llueven del cielo
como si los enviara dios
que al despertarse sacudiera sus cobijas

todas las posibilidades del mundo
todas las palabras
todos los paisajes
come el hambre
se abriga el frío
se alegra la tristeza
se materializa la ensoñación
y nos hacemos libres

en medio de la lluvia
yo
estiro una mano
atrapo un papelito
y al tratar de leerlo
está en blanco.

martes, 26 de marzo de 2013

FUGAZ ROMANCE EN UN BUS


Se ha ido la historia
me quedé conmigo
y un par de silencios bajo el brazo
que ahora leo y hago un resumen
ha pasado la vida
la suerte
y el destino
he amado a las pasajeras
que bajan antes de llegar a mi destino
y a las transeúntes que
desaparecen con las calles
y las puertas de los edificios
que se fugan hacia su propia existencia

Y mi bus sigue
enseñándome el devenir de las cosas
dándome cuadros de la ciudad pasajera
mi ruta es esta
y no otra
no porque sea mi ruta elegida
sino porque es esta y no otra
todas las calles que recorro tienen salida
van a dar a una nueva entrada
que tendrá su respectiva salida

Se sube a mi bus el mar el cielo las aves andinas
se sienta cerca de mí
y me mira
coquetea
y yo la miro con recelo
tímido
enamorado a primera vista
esperando que me hable
pero prefiriendo que no lo haga

Escojo que se pare de su puesto y me sumerja en  su matriz
en su esencia
y me mate de una buena vez
para ser libre
es mi decisión
pero no depende de mí
sigo sentado
bañado en cemento y cristal
en acero y hormigón
en sólida penumbra
en ignorancia de vida

Sabiendo
eso sí
que los segundos son contados
por un tipo gris y sin rostro
que no da espera

El viento las olas la categórica fiereza
se bajan en la calle Cualquiera
Inesperada
nada metafórica
y me quedo viendo un resplandor
una ceguera un abismo
un ver
luz que oculta
veo
y creo que alucino
a mi amor que se expande y se convierte en fachada citadina

Veo y no veo
a la concreta y fugaz pasajera sin rumbo
que se baja llevando consigo
el boleto de viaje
para las infinitas carreteras en fuga.

viernes, 25 de enero de 2013

NO ESTOY INTERESADO

No estoy interesado en comprar nada, señorita,
mi billetera esta vacía
y mi alma llena,
así que por ahora
nada más necesito.

Sí, sé que está barato y es de diseño italiano,
pero tengo mucho tiempo para todo
y me gustan los amaneceres con frío,
amo el ron y a las viejitas alcohólicas,
sueño mientras ando en bus,
así que por ahora
no haré ninguna compra.

Claro, comprendo, señorita, que si llevo dos me regalan el tercero,
pero bebí cielo en la tarde
y me comí un par de grillos saltones
que ahora viven en mis tripas,
siento la caricia del suelo terroso de la granja
de un desconocido que vive de la pobreza,
y tengo una cita
para salir en hombros de los toros que sonríen
maliciosamente
al ver obras de Shakespeare.
En mi tablero anoté grandote:
Cita para almorzar con la tristeza de una pequeña vereda mediterránea en otoño.

No estoy negando, en ningún momento, que sea un revolucionario producto el que me presenta,
pero no tengo tiempo para aprovecharlo,
si no es tiempo perdido no lo quiero,
y mi tiempo vale un penique, y por eso
no lo vendo.

time is rime.

Estoy ocupado,
debo recoger las gotas del rocío para rendir mis acuarelas,
me urge partir,
me espera el silencio ruidoso del amanecer.

HAY QUE ENTREGARSE

Hay que entregarse,
lo demás viene por añadidura.

hay que dejarse caer de espaldas
sin mirar,
sobre el vacío,
que una legión de pétalos,
por accidente,
habrán de sostenernos.

Empecemos a nadar en el océano,
aspirando a llegar al sol,
sin respirar y con asfixia,
pedaleemos con nuestro brazos
como si muriéramos,
que despertaremos del sueño
en el vientre de la madre universal.

Luchemos, y entreguémonos a la lucha
que el resto viene por añadidura,
el pan, el vino, el amor de las estrellas,
llegarán a nuestras mesas.

Los que saben cantar canten,
así tengan las gargantas secas de tanto desierto,
los que saben escribir escriban,
por más que a veces no valga la pena
llorar el alma en tinta
para que sólo queden letras,

los que saben correr
corran con la sangre en sus sienes,
en sus miles,
en sus diezmiles,

corran con la furia de la trompeta
que explota cuando ya no sabe  más qué tocar,
corran con el grito de un obrero
que se cansa y se va para su casa
a entregarse a su esposa.

Que los que quieren ganar
siempre pierden

y sólo llegaremos
los que nos entregamos.

sábado, 10 de noviembre de 2012

CUENTOS DE LA ANGUSTIA. 13 LA LOGIA DE LOS PATHOS Y LOS PSICOS


Porque el vampiro no puede ser otra cosa
                                                                                                                                 que vampiro.
                                                                                                       Charles Nodier.

Otra noche como todas. Me tomo una copa de brandy barato para aflojar la garganta, espero mi turno y salgo a contar unos chistes mediocres para un público de borrachos y mujeres feas y, por ende, solitarias. No puedo ser como ellos. En mis días malos, siento que soy su justa medida, pero no, yo tengo algo especial, soy verdaderamente diferente, y ese es mi secreto. Termino la función y salgo a perseguir una mujer que me resulte algo atractiva para morder su cuello. Al principio era excitante, pero ahora es sólo un proceso alimenticio, ya no importa si es bella o si he puesto mi atención en ella, sólo las veo como un dispensador ambulante de líquido necesario, es eso, sólo necesidad. Creo que alguna noche terminaré mordiendo a un hombre, aunque siempre me ha desagradado la idea, pero…


¿Qué hago aquí? Detesto este bar, detesto a la gente que lo frecuenta, detesto al hombre de la barra, detesto al hombre ese de la tarima, detesto sus chistes, si es que a ese perdido estilo de desvariar sandeces se le puede llamar humor, detesto su forma de hablar, detesto su extremado ego, se siente superior al público que asiste al bar a escucharlo, lo sé, parezco ser la única que se da cuenta, piensa que no se lo merecen. Estoy cansada de verlo, pero es inevitable que salga a caminar en las noches y termine tomando una cerveza en el mismo lugar, no sé que me atrae de este antro de perdedores sin gracia, pero siempre termino aquí, como si la decisión no dependiera de mí, ¿Qué pasa conmigo?… Él es mi mejor amigo, es la única persona que me habla, así le paguen para hacerlo, la conversación más importante que tengo en el día es escuchar sus chistes.


Raúl no acostumbraba ponerse sacos de cuello de tortuga, se sentía muy serio, y él siempre había detestado la seriedad, le parecía una de las principales características de un hombre mediocre, su vida entera la había pasado luchando contra la banalidad del mundo, de una forma tan sistemática y consciente que caía en lo insoportable. Pero después de lo del incidente en el que se le creyó muerto sintió la necesidad de vestirse más solemnemente. A partir de ese día, el hecho de usar un atuendo que no acostumbraba, lo hacía sentirse un ser distinto. Dejó la universidad y con el tiempo abandonó por completo su vida social, nunca se le volvió a ver de día, ahora sólo usaba sacos oscuros con cuello de tortuga.


—Ahora, para ustedes, Raúl Dacevich.

—Buenas noches…eso fue un chiste, nadie aquí está pasando una buena noche, la última buena noche que pasó gente como ustedes fue cuando sus madres les dijeron que eran muy lindos y que triunfarían en la vida, lo peor fue que ustedes lo creyeron. (no hay ni una risa) ¡las madres! Recuerdo que mi mamá, cuando tuve mi primera novia, dijo que esa muchacha tenía mucha suerte, y es curioso que mi madre fuera tan sabia, pues ella terminó su relación conmigo a los dos días y un mes después se casó con un magnate petrolero. (no hay risas, ya no importa) Las mujeres, vaya si nos gusta hablar de las mujeres (¿quién es ella?) son el motivo de la vida de muchos hombres, y vaya que hay vidas vacías. (sus ojos, desde hace tanto no me encontraba con una mirada, es tan extraño sentir que alguien me siente presente, no puedo dejar de mirarla, ¿Qué pasa?) Tuve otra novia, pero comencé a dudar de su amor cuando comenzó a cobrarme por sus servicios (no te levantes, no te vayas, no me dejes otra vez solo), vaya si me dolió, incluso traté de suicidarme, y descubrí cosas tan interesantes como que la sobredosis de arroz con leche no mata pero da una diarrea. (tu silueta me es tan familiar, como si la hubiera soñado, no quiero que te vayas, pero me gusta verte caminar entre las mesas, tratando de ignorar a todos, haces como si nadie estuviera. Sales por la puerta, ¿Qué hay afuera que te impide quedarte? ¿Acaso tienes una vida? Quisiera tomar un café contigo en la madrugada y contarte que estoy muerto, pero no puedo, ¿A dónde vas, silueta sin nombre?) Muchas gracias.


Conseguir un trabajo en la noche no fue tan difícil para Raúl, al contrario, sentía cierta excitación respecto a todo, comprar una cortina oscura, pintar las paredes de su habitación de azul oscuro, dormir en el día, y lo mejor, salir de su casa a la hora en que todos se meten como ratas asustadizas a sus repulsivamente cómodos agujeros. Lo que más le ocupaba la cabeza era el gesto que iba a utilizar para mirar a la gente de ahora en adelante. Soltaba carcajadas entrenando frente al espejo, una elevación de ceja por aquí, una mueca burlona en los labios por acá, hasta que un día decidió no mirarse más en el espejo.


¿Qué estas haciendo? No me mires, es más fácil así, sólo podemos hablar si no sabes que estoy aquí, tengo que irme, tengo que irme, no le tengo permitido a la gente acercarse tanto a mí, y mucho menos si es con la mirada.


Podría seguirte hasta tu casa, presentarme en la puerta y pedirte que me dejaras pasar, contártelo todo, así no me creyeras, y luego quedarme a tu lado, por siempre, sin nunca poder ver un amanecer juntos, podría, podría, claro que podría, desde que estoy muerto puedo hacer lo que quiera, pero mejor sólo vigilaré la puerta de tu casa para cuidarte de los peligros de la noche.

sábado, 3 de noviembre de 2012

CUENTOS DE LA ANGUSTIA. 12 NOTICIAS DE LA CIUDAD OCULTA

  

Se dice que al interior de la ciudad existe una ciudad oculta. Es un lugar al que no se puede ir por decisión propia, pero estando ya allí no es posible salir. Parece ser que nadie puede desear entrar, pero aunque se desee no es posible acceder a ella por elección. Por eso todo el que está en ella desea salir, al menos en cierta medida, pero no se sabe de nadie que haya estado allí y que haya salido. ¿Entonces cómo se sabe de la existencia de esa ciudad?: pues no hay nada oculto entre cielo y tierra.


Nadie puede explicar a ciencia cierta cómo funciona el lugar, pero al parecer existen unas reglas que son comunes en todas las habladurías. Las personas que ingresan a la ciudad no son elegidas minuciosamente, ni por una habilidad especial, más bien parece cosa del azar. Más que azar, en lo que consideraríamos algún ápice de predisposición, debemos mejor hablar de un hecho aleatorio, sin un sentido superior al de ser elegido entre muchos.


Ya estando en la ciudad las personas son inmediatamente nombradas en un cargo. Para esto se juzgan las condiciones de la persona, descifrando en ellas la labor que más se les adecúa. Aunque no son explícitos los mecanismos de selección, estos pueden estar basados en el más nimio detalle: los nervios que demuestren al entrar por primera vez, tal o cual manía que tengan en el gesto de sus manos, el tono de voz con el que busquen explicaciones sobre el lugar en el que se encuentran o cómo se relacionan con los otros recién llegados. En general todos actúan de forma muy similar, con cierta desesperación y anonadamiento, pera cada caso es único y ellos sabrán reconocer cuál es la inclinación de cada nuevo ciudadano.


Cuando se hace referencia a ellos es una cuestión bastante confusa. Parece ser que hay uno o varios cerebros detrás de toda la organización de la ciudad, ¿de qué otra forma se podría explicar la existencia de leyes y una organización jerárquica tan fuerte? Pero esta cabeza, la verdadera punta de la pirámide, no aparece por ningún lado, no es que sea invisible, o que se mantenga en la clandestinidad, más bien da la impresión de no existir, pero lo más seguro es que sí exista.


Se puede pensar en la figura de una pirámide, pues a pesar de que todos los que ingresan lo hacen en las mismas condiciones, su situación en la ciudad pronto es muy diferente. Hay quienes en muy poco tiempo están controlando un gran grupo de hombres, y son ellos quienes pasan a velar porque las leyes de la ciudad se cumplan, mientras que otros, sin que haya demasiada queja en esto, son elegidos para ser desarrapados, desposeídos,  inútiles para todo oficio práctico y en apariencia por fuera de toda la organización, pero no lo están, así muchos ciudadanos no sean conscientes de ello.


Este grupo de desposeídos son tal vez uno de los más grandes misterios de la ciudad oculta. ¿Por qué decidirían que un grupo de nuevos integrantes de la ciudad no se dedicaran a nada? Muchos dicen que fue un error haberlos incluido en el plan, pero que lo notaron demasiado tarde y ahora les resultaba imposible dejarlos partir, pero otros en cambio, los más paranoicos, afirman que son agentes con mucho poder, incluso más que aquellos que están a cargo de varios hombres, y que están ahí para recordar a todos los demás lo que les puede pasar si no cumplen sus funciones, serían una especie de instructores, o un tipo muy sofisticado de vallas publicitarias.


Aquellos a lo que les son asignados los trabajos más satisfactorios no están  necesariamente más a gusto que los que parecen estar en los oficios indeseables. En un comienzo se quejan bastante y parecen sufrir fuertes depresiones, pero a fuerza del paso del tiempo parecen olvidar su inconformidad, no porque su trabajo merme, es más, aumenta, pero ya no les importa. Tampoco podemos concluir por su actitud que ahora estén conformes con sus labores, simplemente ya no hablan de eso, al menos no de forma negativa.


Las labores verdaderamente creativas son muy pocas y en algunos casos lo son en aspectos muy determinados. Por ejemplo, tenemos que una persona encargada de empacar las cajas del correo, al pasar varios meses en esta labor, tiene la libertad de decidir que tipo de doblez utilizar en cada paquete, lo que en un comienzo le alegra mucho su jornada laboral, pero que con el paso de los días comienza a ser insoportable y decide volver al doblez clásico, mandado por la regla, para todos los paquetes. Incluso se habla de la existencia de un chiste al respecto: hay dos tipos de personas, las que hacen las cosas como la regla lo dice porque se ven obligados a esto y los que siguen la regla porque saben que es la mejor forma.


Sin embargo, están contemplados algunos oficios en los que la carga creativa es muy alta, pero estos carecen de funcionalidad. No están conectados con ningún otro proceso de la ciudad y parece que sus productos son nulos o a lo menos inservibles. Tal vez sólo sean una entretención para el que los hace, para que no pierda el juicio y trate de escapar, tal vez sea una especie de tratamiento para caracteres histéricos, egocéntricos o simplemente inestables, que de otra  forma no se adaptarían satisfactoriamente a la estructura del lugar. 


Se conoce aún mucho menos de cómo se dan las relaciones personales al interior de la ciudad oculta. Debemos suponer que para que toda la organización funcione muchos sentimientos deben ser excluidos del panorama de los integrantes de la ciudad, sobre todo aquellos que impulsarían la asociación entre ciudadanos, pues esta asociación libre puede dar origen a grupos con quejas, lo que sería en demasía incomodo. Las quejas están bien, son deseadas, pero individuales, así refuerza la idea de que cada uno existe como persona y de que las cosas pueden mejorar para cada uno, esto, en cierta forma, por lo que se dice, podría ser una de las columnas de la organización.


El amor sensual, según muchos comentaristas, debe existir de alguna forma, pues sería demasiado restrictivo no permitirlo, resultando peligroso para la calma de la ciudad. Claro que podemos suponer que se carece de sentimientos sublimes o grandes hazañas de amor, más bien se debe dar de forma muy calculada. Al escoger la pareja se deberán tener en cuenta muchas variables que eviten traumatismos en la relación. No podemos dar más información sobre este aspecto, pues no estamos seguros de que exista la fidelidad o los hijos.


La herencia no existe, pues no existe la propiedad, aunque sí es cierto que cada individuo tiene su residencia y defendería con su vida las cosas que están dentro de ella, pero las cosas no son de los individuos, sino de la ciudad, así esta nunca los reclame y permita que cada quien haga lo que quiera con ellas, incluso dejárselas a sus hijos, aunque no se sepa a ciencia cierta si existe la reproducción en la ciudad oculta.


Aparte del amor deben haber otro tipo de divertimentos, pues resultaría absurdo la sola ausencia de estos, pero no hay rumores claros al respecto. Se habla de la existencia de zonas verdes, pero no es seguro que sean usadas. También se sabe de la fabricación de implementos que podrían servir para el juego, pero nada hace pensar que cumplan esa función específica, pues más bien parecen ser vistos como objetos decorativos. De todos modos, es innegable la existencia del juego y la diversión, sólo que no conocemos sus mecanismos.


Así pues, teniendo un oficio, vivienda, todos los insumos necesarios para la vida, amor sensual y divertimentos, se entiende porque nadie ha escapado. ¿Por qué alguien sentiría la necesidad de salir de allí? 


Sin embargo, no podemos afirmar con toda certeza que nadie haya tratado de escapar, pues la mayoría de las versiones dicen que la ciudad oculta está organizada físicamente en círculos concéntricos, y ningún ciudadano puede saber en qué círculo se encuentra, qué tan lejos está de la salida. Así que, si alguien trató de escapar, saltó el muro que encierra su zona circular y cayó en un terreno que creyó sin límites, puede que haya concluido que estaba afuera, pero no era así, sólo estaba en un nuevo círculo, un lugar más amplio que el anterior.