Si se quedan ahí mirándome, esperando a que cuente toda
la historia y se los confiese todo, pues sí, me enamoré de
Solé, tarde, demasiado, eran muchas las cosas que habíamos
pasado juntos, las fiestas, los viajes… nos encontrábamos
por casualidad todo el tiempo, Solé estaba hasta en
la sopa, pero nada tenía que ver con el amor,
en ese viaje yo había tomado demasiado, estaba echado
sobre la arena viendo a Solé hablar con Juan, se habían
conocido gracias a mí, Juan era mi amigo y ahora era el
novio de Solé, sin exagerar, eso pasaba siempre, mis amigos
se volvían sus novios, bueno, exagero un poco, pero
nunca le vi problema a eso,
hasta yo llevé a Juan ese día que me iba a ver con Solé
a sabiendas de que se iban a gustar y así fue, estábamos
en la bolera San Francisco, esa que queda en la plaza de
la Universidad del Rosario, en un sótano, estábamos ahí
con un combo jugando bolos, tomando cerveza y cuando
menos me di cuenta, ya Solé y Juan estaban sentados al
lado,
pero en Tolú, esa noche junto al mar, yo estaba muy borracho,
me sentía como si estuviera dentro de una botella
en la que apenas cabía…
Juan y Solé estaban recién cuadrados y era su primer
viaje juntos, estaban muy cariñosos, pero para mí era como
si Juan no estuviera, únicamente Solé, yo no veía ni
oía a Juan, sólo a Solé y me sentí enamorado de ella, como
siempre debió ser,
fue Solé desde el primer día que la conocí la mujer perfecta
para mí, es decir, tenía todos los defectos del mundo,
pero defectos que me gustaban, despreocupada, irresponsable,
bebía como cosaco, no pensaba en su futuro y le
gustaba viajar, bueno, también leía un poco y le encantaba
el cine, pero eso era llevadero, y claro, era linda, no tanto
como para volverme loco por ella, pero era, o es, linda,
¿Y entonces, dirán, Por qué todo este tiempo sin que
pasara nada? Bueno, la primera noche que la vi lo pensé,
era tremenda fiesta, los cumpleaños de Juanita, la vez que
le quemaron el tapete a la casa con la olla de maíz pira incendiada
que trataron de botar por la ventana sin abrir el
vidrio, esa noche resultamos hablando, sí, como la historia
del ascensor,
no sé si ustedes han pensado en lo del ascensor, el mayor
golpe de suerte que puede tener un hombre es quedar
atrapado en un ascensor con una mujer bonita por un par
de horas, según un amigo a un tío de él le paso, y fue así
como conoció a la mujer que después sería su esposa, pero
yo no le creí de a mucho cuando contó esa historia, es
muy poco creíble que eso pase,
pues yo estaba en la fiesta con unos amigos, Solé con
otros y resultamos en el mismo grupo, la gente se fue alejando
y terminamos uno al lado del otro hablando, pero
esa charla nunca acabó, y cuando me di cuenta habían pasado
meses en los que no paramos de hablar, al fin y al cabo
lo que hacíamos era hablar, habíamos hablado tanto
que ya era demasiado tarde como para intentar un beso,
así que nunca se me pasó por la cabeza,
miento, se me pasó, pero no estando con Solé, es decir,
podía estar con ella, pero no en su presencia, estábamos
en un bar y se me ocurría cuando ella iba al baño, o caminábamos
por la calle y ella entraba a una cabina para
llamar, mientras yo la esperaba afuera me decía: -debería
besarla- pero apenas salía, ya se me iba la idea,
me gustaba estar al lado de ella, me gustaba que los
demás me vieran con ella y se imaginaran cosas, que tras
un rato de no llegar a ninguna conclusión se atrevieran a
preguntarme si había algo entre Solé y yo, al saber que
éramos amigos perdían la pena y atacaban, ella siempre
me contaba lo que le decían, que bailaba muy bien, que
tenía ojos bonitos, que tenía una personalidad magnética,
que era demasiado alegre, que sonreía con toda la cara,
incluso con todo el cuerpo, todo era verdad, yo lo sabía, lo
noté desde el día en que nos conocimos, pero yo nunca se
lo dije, los que se lo decían estaban interesados en ella, yo
no,
empezamos a conocernos novios y novias, ella cambiaba
más pronto que yo y no se mantenía mucho tiempo sola,
ya estaba yo acostumbrado a que cada vez que nos
dejábamos de ver más de quince días ella apareciera con
un nuevo novio,
una vez yo la vi el viernes con un tipo, terminó con él el
domingo y cuando nos encontramos el miércoles en la
Séptima frente a la Javeriana, que yo iba a hacer unas
vueltas de unos papeles, ella iba a recoger al novio que estudiaba
allá, pero otro novio, yo por un terrible lapsus, al
saludarlo pensé que era el mismo de la semana pasada
durante toda la conversación, hasta que me despedí y le
dije el nombre y el tipo me corrigió,
les dice novios y los presenta como tal, pero siempre he
creído que ella no le da mucho valor a esa palabra, la usa
porque no conoce otra para nombrar al tipo que la acompaña,
mientras más amigos nos hacíamos, menos planeábamos
encontrarnos, iba a la casa de Juanita y ahí estaba
Solé, iba al bar de la 45 y ahí estaba Solé, caminaba por la
Candelaria y ahí estaba Solé, no era tanto casualidad, sino
que girábamos en torno a las mismas cosas, pero para viajar
sí nos poníamos de acuerdo, invitábamos a más gente,
hasta me tocó hacer mal tercio alguna vez, como en ese
viaje con Juan, eso ya se los voy a contar,
los dos teníamos una idea parecida de lo que es un
buen viaje, tranquilidad más que diversión, esfuerzo físico
sobre comodidad, soledad mejor que gritería, preferible
frío que calor, y movimiento mejor que quietud, hablar
con ella muchas veces era una forma de constatar mis
ideas, escucharla hablar para decir cierto que tengo razón,
o era lo que pasaba antes de ese último viaje a la playa…
que poca paciencia, pero bueno, tienen razón, ya no
más vueltas y vamos al meollo del asunto,
Solé estaba saliendo con Juan hacía como tres semanas
cuando me llamó para invitarme a un viaje a Tolú, ella conocía
una playa medio escondida, no contó más, esperó a
que yo contestara que me parecía una buena idea, dijo
que luego me volvía a llamar y colgó, me molestó un poco,
yo sabía que recién estaba con Juan, ¿Por qué no iba
con él? Era para que fueran solos, pero ella no quería estar
sola con él, en verdad Solé no podía soportar a los
hombres, no sé por qué nunca estaba sola si la verdad no
soportaba demasiado a la gente, ni siquiera en las fiestas
podía estar toda la noche bailando o hablando con su novio
de turno, siempre se les escabullía, a veces conmigo y
nos dábamos una vuelta por la ciudad para regresar un
par de horas más tarde a la fiesta con alguna tonta disculpa,
al regresar los tipos se ponían en mi contra y Solé como
si nada,
Solé no era una buena compañía para ningún hombre,
les daba unos días en los que los hacía sentirse los reyes
del mundo y luego, sin más ni más, empezaba a despreciarlos
y ese desprecio nunca era bien disimulado, al final,
pum, sin mucho protocolo los dejaba abandonados en el
lugar menos esperado, un cuarto, una fiesta, un pueblo en
la mitad de la nada,
ahora ella quería que yo le sirviera nuevamente de válvula
de escape en su viaje con Juan, no me dejó mucha salida,
ella sabía que yo era incapaz de decirle que no…
bueno, sí,a sabiendas de todo eso me vi en un bus viajando
a la playa, Solé estaba en su asiento junto a Juan, en
una melosería tremenda, así estarían hasta que Solé se
hartara de Juan y me buscara para respirar, pero no nos
adelantemos,
como decía, ella iba sentada junto a Juan y yo iba sentado
junto a un barrigón, con el ombligo por fuera, oliendo
a cerveza y ajo, que se estaba quedando dormido
sobre mí, me corrí todo lo que pude pero no me lo pude
quitar de encima, fui su colchón… eso, ríanse, ríanse todo
lo que quieran que yo no sigo contando,
ya en Tolú las cosas mejoraron, cogimos un taxi en el
centro del pueblo, Solé le dijo que nos llevara hasta playa
Del Francés, llegamos ahí por un camino que bordeaba toda
la costa del mar azulísimo de Tolú, conseguimos una
cabaña barata para pasar el fin de semana, tenía dos cuartos
diminutos, una pequeña cocinita y en el frente había
una mesa con cuatro sillas para comer al aire libre escuchando
el mar, porque desde ahí no se alcanzaba a ver,
pero el paisaje no estaba nada mal, era temporada baja,
así que la playa estaba casi sola para nosotros tres, aunque
eso me condenaba a la soltería,
desempacamos, Solé se bañó mientras Juan y yo tomábamos
una cerveza en el comedor al aire libre, luego fuimos
los tres a un caserío de cinco chozas que quedaba a
cinco minutos a pie de la cabaña, compramos comida y
dos botellas de un licor de dudoso envase que nos ofreció
un viejito frente a la única tienda de por ahí, era aguardiente
artesanal, así que la ausencia de etiqueta y su aspecto
turbio eran de esperarse, abrimos una de las
botellas frente al viejito, le dimos un sorbo, Juan casi lo
escupe, yo hice cara de estar quemándome aunque era
pura actuación, la verdad no era tan fuerte, y Solé sonrió
como si fuera néctar de durazno y felicitó al viejito por su
buen chirrinchi, sólo para lucirse,
habíamos llegado a las dos de la tarde al pueblo, así
que ya atardecía, nosotros caminábamos por la playa y
nos bebíamos el aguardiente que cada vez se ponía mejor,
Solé hablaba mucho, yo le seguía el ritmo, Juan casi andaba
en silencio,
ahora se me ocurre que quisiera contar la historia de
Juan, podría ser mejor, pero como no es mi historia nada
puedo decir al respecto,cosas que supongo, la inseguridad
que le producía que Solé y yo fuéramos tan amigos, ¿Qué
hacía yo ahí? Los primeros días de un romance siempre
son los que vale la pena contar, pero yo tengo es esta historia,
un inicio también, pero de otra cosa,
bueno, la primera botella se acabó y yo ya estaba completamente
ebrio, Solé había tomado parejo conmigo pero
se veía entera, a lo mejor yo también me veía entero, pero
no lo estaba, Juan apenas había tomado unos cuatro sorbos
pero parecía estar transfigurado, bastante contento, a
coger a Solé todo el tiempo, la abrazaba hasta casi no dejarla
caminar, ya no le importaba que yo estuviera, al fin
se fueron los dos de bruces sobre la arena y se rieron con
una tierna camaradería que llegaba a lo cursi, ¿Cuál es la
frontera entre lo cursi y lo romántico? Yo no creo que exista
tal frontera, son lo mismo, sólo que es romántico si lo
hace uno y cursi si lo hace otro. Solé y Juan eran cursis,
se sentaron sobre la arena y siguieron hablando entre
ellos, yo me senté a unos metros sintiéndome entonado,
pasaron unos minutos, abrí la segunda botella y empecé a
tomar, ahí fue que en verdad me emborraché, veía cada
vez más lejos la playa, a Juan, la cabaña, mi ciudad, el
mundo y veía cada vez más cerca a Solé, como si ella pudiera
oírme pensar, sentir, enamorarme de ella, YO ahí,
enamorado de Solé, mientras ella abrazaba a su novio de
turno, YO era romántico, estaba frente a mí nuestra historia,
clarita, el camino recorrido para estar en esa playa,
descubría ese fuerte sentimiento que tardó años y mucho
aguardiente en salir, todo tenía un sentido más grandioso,
el mar, la brisa, mi soledad ¿Qué sé yo de poesía? Nada,
las confusas clases de Español en el colegio, poemas que
el profesor del colegio se sabía de memoria y que quería
que también nosotros nos aprendiéramos de memoria,
la noche ya no podía transcurrir normalmente, ahora
trataba que Solé cayera en cuenta que yo era el hombre
con el que debía estar, nada preciso, sólo hablar de esas
cosas en las que estábamos de acuerdo, hacerla ver que
queríamos lo mismo de la vida, pero a ella el alcohol la
patió por otro lado, ahora resultaba que todo lo que yo
decía era un error, me refutaba todo, se burlaba de mis
ideas, le metía sarcasmo a todo, la que hasta hace unos
días había sido mi aliada, ahora me ridiculizaba por cualquier
cosa que dijera, no podía odiarla más en ese momento,
así que reaccioné de manera natural ante su
maltrato e indiferencia y me enamoré más,
amor y odio, como dice todo el mundo, van de la mano,
a lo mejor eso que llamamos odio no es otra cosa que
impotencia de no verlas a nuestros pies, odiamos por no
entender que las mujeres pueden no querernos, o pueden
querernos a medias o pueden no querernos igual todo el
tiempo o pueden tener razones que no sabemos porque no
somos ellas, o pueden ser simplemente estúpidas, como
Solé,
ahora me sentía insoportablemente atraído por ella, en
lo físico, empecé a fantasear con encuentros nocturnos,
cuando Juan ya se hubiera dormido, pensaba que no era
tan imposible, que tal vez al notar ella que ahora mis sentimientos
habían cambiado también los de ella cambiaran,
luego me entraba la desesperación, la veía lejana, inalcanzable,
agaché un poco la cabeza, me esforzaba por estar
melancólico y meditabundo, Solé lo notó y dijo que ya
me iba a tumbar el chirrinchi, en ese momento la segunda
botella se había acabado y estábamos en la cabaña, hablando
de pie en la cocina, Juan propuso ir a dormir, Solé
aún no tenía sueño, yo tampoco, propuse ir al mercado
por unas cervezas, Solé estuvo de acuerdo, Juan se negó y
prefirió irse a dormir, claro, dejaba a su novia con il castrato,
película jarta, no había peligro, más tarde se la regresaría
intacta, no señor, esta vez sería diferente,
apenas salimos Solé empezó a hablar de Juan, dijo que
era un gran tipo, que lo quería mucho, pero… y comenzó
a soltarla toda en su contra, al parecer Juan era uno de los
peores tipos sobre el planeta tierra, no me quedó muy claro,
pero debía serlo para que ella se pasara todo el camino
hasta la tienda hablando mal de él,
compramos un six pack, y nos sentamos en una banca
que quedaba a unos pasos frente a la tienda que ya estaba
cerrando, resultamos casi a oscuras hablando de cosas de
Solé, nadie como yo sabía tanto de la vida de Solé, podía
contarme cualquier historia que yo entendía sin tener que
dar demasiadas explicaciones, decir estábamos con María,
y yo sabía a quién se refería, dónde y cuándo, de tanto hablar
de lo mismo sentí que esa conversación ya la habíamos
tenido y me dieron ganas de hacerle moño con la
camiseta,
¿Conocen lo del moño? ¿No? Es un cuento de mi papá
y los amigos, como esos viejos se la pasan contando las
mismas historias una y otra vez, cuando alguno está repitiendo
una historia que todos se saben, cogen con la mano
y aprietan con el puño cerrado la camisa, formando un
moño, yo le conté alguna vez a Solé y ella sabía el cuento,
ahora no le hice moño, aunque parecíamos repitiendo
una lección que los dos nos sabíamos para memorizarla
mejor, ella me aclaraba lo que yo no sabía o no recordaba
bien, yo le daba otras ópticas del asunto,
al final de la segunda cerveza Solé se recostó en mi
hombro, la brisa estaba fuerte y hacía frío, la cerveza no
me había emborrachado más, al contrario, parecía ponerme
sobrio, la magia del aguardiente y el atardecer en la
playa se había esfumado, estaba cansado y las tripas me
dolían, también tenía ganas de orinar, sentí la cabeza de
Solé sobre mi hombro como una molestia ¿Qué hacer ahora?
¿Dejar de respirar para no molestarla? ¿Seguir hablando
hasta que ella volviera a erguirse? ¿Besarla? ¿Hablarle
de mis sentimientos? No, todo era imposible, todo era una
calle sin salida, y sólo me quedaba ese profundo conocimiento
de la vida de Solé, como si fuera un libro de historia,
me sentí como esos profesores sin vida propia que se
creen mucho por saberse el contenido de unos libros, a veces
de memoria como el de Español, pueden saberlos de
memoria, pero ellos no los escribieron, sólo los repiten para
tratar de apropiárselos, robarlos porque no tienen los
propios, yo era un usurpador de la vida de Solé, no podía
amarla, era una tontería, era demasiado tarde.
¿Y?… si siguen esperando un desenlace voy a tener que
improvisar una conclusión para la historia.Creo que la enseñanza
de esto es que para amar a una mujer ella debe
resultar un misterio, ser desconocida, un rostro hermoso
que se nos cruzó por la calle, algo ignorado completamente,
y ya no me sacan una palabras más sobre el asunto.
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