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martes, 12 de marzo de 2013

LAS CANCIONES


                                      Todo es mio, en el sentido que nada me pertenece.
                                                                                   Gonzalo Arango.



Las canciones que se cantan
en las salas de las casas,
en los bares y en los buses de la noche,
no son cantos de notas y acordes,
son personas vivas que nos toman de la mano
y nos llevan a diferentes lugares,
a los ríos en los que se bañan los niños,
a la caverna del sueño de los mil años,
a los funerales de las almas rotas.

Las canciones son mis amigas
o mis más fervientes enemigos,
son culebras que se arrastran bajo nuestros pies y buscan darnos la mordida,
o son aves que iluminan nuestro ojos con su vuelo desmedido.

Las canciones que cantan los hombres que se embriagan
son llantos del alma
sonrisa de ángel
muerte del mundo inmortal
llaga de cabo a rabo
dolor existencial.

Tengo un par de canciones que el mundo me ha dado
y un par de canciones que darle al mundo,
eso es lo único que puedo usar de sombrero,
son mi paraguas y mi sombrilla
mis antenas de aroma
y mis parlantes de niebla.


Traigo para el amante silencioso,
para el soldado que huye del campo de batalla,
un breve estribillo
que cante
sin poder recordar
de qué canción es,


Tralala lala lala...

miércoles, 27 de febrero de 2013

EXTRANJERO

desaparezco, desaparezco, desaparezco,
y parece que me hundo en esta ciudad
que busqué como a los senos de una mujer
y que ahora me traga con mal gesto.
empieza a desdibujarse mi figura,
me caen encima disfraces, overoles, corbatines,
me juago en trementina y las lineas de mis bordes
se deshacen sobre el lienzo
que algún iluso obsequió
al pintor perezoso.

llueven sobre mí todos los odios,
todas las iras,
llueven lluvias glaciales y ácidas,
arsénicas, puntilludas,

aguarrás, aguarrás, aguarrás
en mis tripas,
en lo líquido de mis pupilas,
escupo por la calle mis vísceras deshechas,
aunque sé
que se ve muy mal
eso de escupir por la calle,
aunque me da vergüenza.

Todo es motivo de vergüenza,
su nacimiento y el mío,
su quietud y mi huida,
mi figura de payaso mojado,
desleído,
desdibujado.

y ahora pues,
después de todo,
aún me embriaga el cielo
de una nación lejana.