Todo es mio, en el sentido que nada me pertenece.
Gonzalo Arango.
Las canciones que se cantan
en las salas de las casas,
en los bares y en los buses de la noche,
no son cantos de notas y acordes,
son personas vivas que nos toman de la mano
y nos llevan a diferentes lugares,
a los ríos en los que se bañan los niños,
a la caverna del sueño de los mil años,
a los funerales de las almas rotas.
Las canciones son mis amigas
o mis más fervientes enemigos,
son culebras que se arrastran bajo nuestros pies y buscan
darnos la mordida,
o son aves que iluminan nuestro ojos con su vuelo desmedido.
Las canciones que cantan los hombres que se embriagan
son llantos del alma
sonrisa de ángel
muerte del mundo inmortal
llaga de cabo a rabo
dolor existencial.
Tengo un par de canciones que el mundo me ha dado
y un par de canciones que darle al mundo,
eso es lo único que puedo usar de sombrero,
son mi paraguas y mi sombrilla
mis antenas de aroma
y mis parlantes de niebla.
Traigo para el amante silencioso,
para el soldado que huye del campo de batalla,
un breve estribillo
que cante
sin poder recordar
de qué canción es,
Tralala lala lala...
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