Se dice que al interior de la ciudad existe una ciudad oculta. Es un lugar al que no se puede ir por decisión propia, pero estando ya allí no es posible salir. Parece ser que nadie puede desear entrar, pero aunque se desee no es posible acceder a ella por elección. Por eso todo el que está en ella desea salir, al menos en cierta medida, pero no se sabe de nadie que haya estado allí y que haya salido. ¿Entonces cómo se sabe de la existencia de esa ciudad?: pues no hay nada oculto entre cielo y tierra.
Nadie puede explicar a ciencia cierta cómo funciona el lugar, pero al parecer existen unas reglas que son comunes en todas las habladurías. Las personas que ingresan a la ciudad no son elegidas minuciosamente, ni por una habilidad especial, más bien parece cosa del azar. Más que azar, en lo que consideraríamos algún ápice de predisposición, debemos mejor hablar de un hecho aleatorio, sin un sentido superior al de ser elegido entre muchos.
Ya estando en la ciudad las personas son inmediatamente nombradas en un cargo. Para esto se juzgan las condiciones de la persona, descifrando en ellas la labor que más se les adecúa. Aunque no son explícitos los mecanismos de selección, estos pueden estar basados en el más nimio detalle: los nervios que demuestren al entrar por primera vez, tal o cual manía que tengan en el gesto de sus manos, el tono de voz con el que busquen explicaciones sobre el lugar en el que se encuentran o cómo se relacionan con los otros recién llegados. En general todos actúan de forma muy similar, con cierta desesperación y anonadamiento, pera cada caso es único y ellos sabrán reconocer cuál es la inclinación de cada nuevo ciudadano.
Cuando se hace referencia a ellos es una cuestión bastante confusa. Parece ser que hay uno o varios cerebros detrás de toda la organización de la ciudad, ¿de qué otra forma se podría explicar la existencia de leyes y una organización jerárquica tan fuerte? Pero esta cabeza, la verdadera punta de la pirámide, no aparece por ningún lado, no es que sea invisible, o que se mantenga en la clandestinidad, más bien da la impresión de no existir, pero lo más seguro es que sí exista.
Se puede pensar en la figura de una pirámide, pues a pesar de que todos los que ingresan lo hacen en las mismas condiciones, su situación en la ciudad pronto es muy diferente. Hay quienes en muy poco tiempo están controlando un gran grupo de hombres, y son ellos quienes pasan a velar porque las leyes de la ciudad se cumplan, mientras que otros, sin que haya demasiada queja en esto, son elegidos para ser desarrapados, desposeídos, inútiles para todo oficio práctico y en apariencia por fuera de toda la organización, pero no lo están, así muchos ciudadanos no sean conscientes de ello.
Este grupo de desposeídos son tal vez uno de los más grandes misterios de la ciudad oculta. ¿Por qué decidirían que un grupo de nuevos integrantes de la ciudad no se dedicaran a nada? Muchos dicen que fue un error haberlos incluido en el plan, pero que lo notaron demasiado tarde y ahora les resultaba imposible dejarlos partir, pero otros en cambio, los más paranoicos, afirman que son agentes con mucho poder, incluso más que aquellos que están a cargo de varios hombres, y que están ahí para recordar a todos los demás lo que les puede pasar si no cumplen sus funciones, serían una especie de instructores, o un tipo muy sofisticado de vallas publicitarias.
Aquellos a lo que les son asignados los trabajos más satisfactorios no están necesariamente más a gusto que los que parecen estar en los oficios indeseables. En un comienzo se quejan bastante y parecen sufrir fuertes depresiones, pero a fuerza del paso del tiempo parecen olvidar su inconformidad, no porque su trabajo merme, es más, aumenta, pero ya no les importa. Tampoco podemos concluir por su actitud que ahora estén conformes con sus labores, simplemente ya no hablan de eso, al menos no de forma negativa.
Las labores verdaderamente creativas son muy pocas y en algunos casos lo son en aspectos muy determinados. Por ejemplo, tenemos que una persona encargada de empacar las cajas del correo, al pasar varios meses en esta labor, tiene la libertad de decidir que tipo de doblez utilizar en cada paquete, lo que en un comienzo le alegra mucho su jornada laboral, pero que con el paso de los días comienza a ser insoportable y decide volver al doblez clásico, mandado por la regla, para todos los paquetes. Incluso se habla de la existencia de un chiste al respecto: hay dos tipos de personas, las que hacen las cosas como la regla lo dice porque se ven obligados a esto y los que siguen la regla porque saben que es la mejor forma.
Sin embargo, están contemplados algunos oficios en los que la carga creativa es muy alta, pero estos carecen de funcionalidad. No están conectados con ningún otro proceso de la ciudad y parece que sus productos son nulos o a lo menos inservibles. Tal vez sólo sean una entretención para el que los hace, para que no pierda el juicio y trate de escapar, tal vez sea una especie de tratamiento para caracteres histéricos, egocéntricos o simplemente inestables, que de otra forma no se adaptarían satisfactoriamente a la estructura del lugar.
Se conoce aún mucho menos de cómo se dan las relaciones personales al interior de la ciudad oculta. Debemos suponer que para que toda la organización funcione muchos sentimientos deben ser excluidos del panorama de los integrantes de la ciudad, sobre todo aquellos que impulsarían la asociación entre ciudadanos, pues esta asociación libre puede dar origen a grupos con quejas, lo que sería en demasía incomodo. Las quejas están bien, son deseadas, pero individuales, así refuerza la idea de que cada uno existe como persona y de que las cosas pueden mejorar para cada uno, esto, en cierta forma, por lo que se dice, podría ser una de las columnas de la organización.
El amor sensual, según muchos comentaristas, debe existir de alguna forma, pues sería demasiado restrictivo no permitirlo, resultando peligroso para la calma de la ciudad. Claro que podemos suponer que se carece de sentimientos sublimes o grandes hazañas de amor, más bien se debe dar de forma muy calculada. Al escoger la pareja se deberán tener en cuenta muchas variables que eviten traumatismos en la relación. No podemos dar más información sobre este aspecto, pues no estamos seguros de que exista la fidelidad o los hijos.
La herencia no existe, pues no existe la propiedad, aunque sí es cierto que cada individuo tiene su residencia y defendería con su vida las cosas que están dentro de ella, pero las cosas no son de los individuos, sino de la ciudad, así esta nunca los reclame y permita que cada quien haga lo que quiera con ellas, incluso dejárselas a sus hijos, aunque no se sepa a ciencia cierta si existe la reproducción en la ciudad oculta.
Aparte del amor deben haber otro tipo de divertimentos, pues resultaría absurdo la sola ausencia de estos, pero no hay rumores claros al respecto. Se habla de la existencia de zonas verdes, pero no es seguro que sean usadas. También se sabe de la fabricación de implementos que podrían servir para el juego, pero nada hace pensar que cumplan esa función específica, pues más bien parecen ser vistos como objetos decorativos. De todos modos, es innegable la existencia del juego y la diversión, sólo que no conocemos sus mecanismos.
Así pues, teniendo un oficio, vivienda, todos los insumos necesarios para la vida, amor sensual y divertimentos, se entiende porque nadie ha escapado. ¿Por qué alguien sentiría la necesidad de salir de allí?
Sin embargo, no podemos afirmar con toda certeza que nadie haya tratado de escapar, pues la mayoría de las versiones dicen que la ciudad oculta está organizada físicamente en círculos concéntricos, y ningún ciudadano puede saber en qué círculo se encuentra, qué tan lejos está de la salida. Así que, si alguien trató de escapar, saltó el muro que encierra su zona circular y cayó en un terreno que creyó sin límites, puede que haya concluido que estaba afuera, pero no era así, sólo estaba en un nuevo círculo, un lugar más amplio que el anterior.
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