Nos resulta curioso y muy estimulante el encontrar que aún existen cosas que escapan al conocimiento, hechos que se mantienen invisibles y pasan desapercibidos, pues eso es lo que impulsa la labor del investigador, del hombre de ciencia. En los últimos días nos ha llegado la noticia del descubrimiento de una variedad de ratas que no pueden sobrevivir si no es en una zona de asentamientos humanos, y no nos referimos a las vulgarmente llamadas ratas de las cloacas, las cuales se adaptaron muy exitosamente a las condiciones de las grandes urbes, pero que podrían sobrevivir fácilmente incluso si la raza humana desapareciera de la faz de la tierra. El descubrimiento que ahora sorprende a los científicos del mundo es de una totalmente nueva y desconocida especie que ha sido llamada la rata del pan, pariente muy evolucionada de la rata común, y que depende ciento por ciento de la cercanía de núcleos humanos para su supervivencia.
La rata del pan recibe este nombre por sus costumbres reproductivas. La hembra, después de ser fecundada por el macho, deposita su óvulo al interior de la masa de algunos alimentos humanos que han sido almacenados en bodegas húmedas y oscuras; luego, esta masa es llevada al horno para su preparación, y en el calor de la cocción, que el embrión soporta muy bien, se produce un rápido desarrollo del feto, el cual, horas después de haber abandonado el horno, se abre camino tragando de la misma masa en la que se ha gestado, alimento que reemplaza la leche materna. Este recién nacido, si se nos permite usar esta expresión no del todo exacta, aun no está preparado para la vida, ya que esta especie carece de piel, lo cual es solventado con elementos del medio ajenos al ente biológico, por lo que es común ver a estos curiosos animales cubiertos por pedazos de trapo viejos, o en casos más afortunados, por madejas de lana.
Sin embargo, resulta decepcionante para biólogos e investigadores de la fauna mundial que el hallazgo lo realizó por casualidad un grupo de antropólogos. Hace cuatro años, un equipo de estudiosos de las ciencias humanas se dedicó a investigar las condiciones sociales en las que se encontraba un sector del barrio Venecia. La zona comprendida por los investigadores consistía en una larga calle pavimentada con cemento, que colindaba con lotes sin urbanizar, y las pocas viviendas consistían en construcciones de cartón y laminas de cinc. El principal fenómeno que llamó la atención de los académicos y los llevó a emprender dicho estudio fue el extraño intercambio económico que se practica en este sector: las personas para saldar deudas usan pedazos de carne de sus cuerpos. Desde el mismo momento en el que se inicia el camino por esta vía rodeada de viviendas de manufactura primitiva y cierto aire rural, se puede notar que la mayoría de sus habitantes tienen grandes cicatrices en sus brazos y piernas. Adentrándose más por esta pasarela cementada, se observan personas desfiguradas por la ausencia de grandes trozos de mejilla. En el paso de un río aledaño a la calle se encuentran lavanderas profesionales, a las que se les dificulta su trabajo por los heridos que alivian el ardor de las cortadas en la frescura de la corriente del río cerca de su nacimiento, llenando las aguas del característico rojo sangre.
Muy avanzada la ruta se encuentran personas moribundas, recostadas contra algún árbol con su ropa raída, dejando ver un cuerpo lleno de heridas en carne viva. Es común ver pandillas de niños no mayores de diez años, que siguen a un líder de su misma edad que posee un cuchillo, siendo seguramente el encargado de realizar algunas transacciones comerciales de menor cuantía. Cuando el recorrido está cercano al final se observan cadáveres insepultos que aparentemente son aun fuente de carne aprovechable, por lo que es de algún beneficio para sus allegados, aplazando así el momento de cubrirlo de tierra. Esta última observación hace pensar a los investigadores que tal vez algún miembro del núcleo familiar es destinado a otorgar su capital biológico en su totalidad antes de que se llegue a emplear el de algún otro miembro de la familia, lo cual supondría que no es una organización que carezca de sus jerarquías, pero esto no está aún explicado satisfactoriamente por el equipo de estudiosos.
Después de cuatro años de investigación en este marco social se ha hallado el más grandioso descubrimiento científico de las últimas décadas: la rata del pan, descubrimiento que aún asombra al mundo científico y lo llena de esperanzas para el futuro, devolviéndole la función que el mundo moderno le quería arrebatar, el de ser el adalid de los grandes avances de la humanidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario