lunes, 1 de octubre de 2012

CUENTOS DE LA ANGUSTIA. 5 EL DUENDE DE LA ROPA

 

Es bien sabido, y fue bastante comentado en reuniones de adolescentes, sobre todo cuando realizaban excursiones al campo, que en aquellos tiempos existían los duendes de la ropa. Estos seres, los más despiadados de los que se haya tenido conocimiento, habitaban, o tenían su origen, no se pudo jamás tener un conocimiento exacto sobre el asunto, en los barullos de ropa que formaban en sus habitaciones las personas, especialmente los hombres jóvenes.


Generalmente aparecían en la oscuridad, cuando las luces de la calle entraban por las ventanas de los cuartos, iluminando macabramente las formas de todo cuanto se encontrara en una posición poco habitual. A veces solía confundirse fácilmente a estos seres con las azarosas formas de los objetos contrapuestos, los cuales podían aparecer como una forma humana, pero al detallarlos bien, no eran más que un saco colocado sobre un escritorio o una lámpara sobre la que había caído una camisa y un par de medias. Pero en ocasiones ocurría todo lo contrario. Se dormía plácidamente, cuando de repente, al despertar de un sueño algo agitado, se descubría una forma humana observándonos en nuestra habitación, y al sacudirnos un poco, respirábamos algo descansados y nos decíamos, ah, no es más que una montaña de ropa–, pero entonces era cuando esa montaña se movía hacia nosotros, sin que alcanzáramos a sentir miedo, pues nuestra racionalidad no explicaba claramente el suceso, hasta que ya era muy tarde.


Este duende no raptaba la gente, pues... ¿qué objeto tendría?, él se las bandeaba muy bien solo, y no le interesaba la compañía ni de un joven humano, ni de cualquier otro género. Así que, en su maldad solitaria, sólo se satisfacía en producir un gran susto y, en lo que era algo peor, descuartizar con sus propias manos al infortunado y poco avisado joven. El gran aspaviento que se hacía a la mañana siguiente por parte de los familiares que encontraban ese descomunal reguero de sangre era el claro indicio de que otro duende de la ropa había hecho una de sus travesuras y los rumores comenzaban a correr. La gente aseguraba haber visto a un sospechoso enano con cabeza de medias sucias y cuerpo de chaquetones amarrados rondar por ahí; otros decían haber visto una informe masa de camisetas sudorosas trepar hasta la ventana de la víctima, pero nunca se logró sacar nada en claro de estos casos.


También es bien sabido por la mayoría de lectores asiduos a los diarios o televidentes juiciosos de noticieros, que la proliferación que hubo hace unos cuantos años de muchachas del aseo redujo radicalmente estos casos, llevándolos prácticamente a su desaparición, si no es que ya se han extinguido del todo, pues aunque hace varios años que no recibimos noticias de ellos, no podemos asegurar con toda certeza que se hayan extinguido. Algo por el solo hecho de no manifestarse no quiere decir que no exista, puede que en cualquier momento logremos tener otro avistamiento, pero aunque esto no suceda nunca más, no podemos tener ninguna garantía sobre el asunto.


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