Discutí con un gran conocedor
de las estéticas, hermenéuticas
Y otras pomposas y geniales teorías,
¿qué discutí?, no lo sé,
bien lo puede saber él,
¿a mí qué?
Yo me rendí, y le seguí la cuerda,
como a los locos.
Él me explicó como son las cosas,
y noté que un ave volaba
cerca de la ventana.
Él trajo a colación
muchos hombres muertos,
llegó hasta mí
la risa de una mujer hermosa.
Se me enseñó la verdad,
pero yo estaba muy ocupado
saboreando con la lengua
mi paladar.
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