miércoles, 6 de junio de 2012

MITO

 
Las montañas parieron
a su hijo de agua,
carente de temor
fue labrando su destino,
sus dedos sagrados
tocaban curiosos
lo desconocido.
Olvidó su origen
y corrió tan lejos
que perdió su rumbo.
Negado para el llanto,
no hacía más
que engendrarse a sí mismo.
sin poder levantar la vista
sólo tenía su pasado perdido.

Lo que vino después,
no lo tenía entre manos:
manos de agua
que crearon un niño,
joven de agua
que creó el vino,
vino de sueños
soñando lo lejos
que estaban
las montañas madres
santuario perdido.
Hombre de agua
que creó el cielo
y este pensó el infinito
olvidando a las viejas montañas
que lloran sus nietos perdidos.


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