domingo, 19 de agosto de 2012

CUENTOS DE ANIMALES. 2 EL MONO CULTO

 
Anualmente, en la selva tropical, existe un día de fiesta en el que se reúnen todos los animales para pasar un buen rato y reencontrarse con amigos que han tomado los más diversos rumbos. 

El día había llegado, y el lugar de encuentro tradicional comenzó a verse poblado por variados grupos de animales. No sería apropiado dar cuenta exhaustiva de los asistentes, basta con decir que Noé no vio jamás ni la mitad de la fauna que ahora se hallaba reunida.

Y así como sucede con las fiestas que son entre compañeros sinceros, la diversión comenzó a verse por doquier sin que nadie le hubiese hecho una invitación solemne.

Cuando ya llegó la hora en la que ya no se espera que llegaran más animales, apareció el mono. A medida que los pasos del mono avanzaban por el claro de selva en el que se realizaba el encuentro, y saludaba a los grupos de los animales que iba encontrando a su paso, el rumor sobre la cultura del mono que acababa de llegar crecía.

Muchos sabían de este famoso mono, que por su largo contacto con los humanos, había aprendido mucho de sus costumbres, lo que le daba un aire de superioridad respecto a los demás animales más salvajes que él.

Obviamente, a pesar de que no oía bien lo que decían los murmullos que crecían a su espalda, el mono sabía que hablaban de él, y esto lo llenaba de orgullo, así que decidió tener una participación más activa en la fiesta. El mono se acerco a un grupo de variados animales que hacían bromas sobre las curiosas costumbres de los elefantes.

—Tienen el rabo donde debería estar la nariz y, además, ni comen carne — decía un león.

Todos reían, cuando una jirafa, como haciéndose la boba, dijo:

—Sí, sí, ni comen carne, y también son orejones.

Los animales la miraron con un gesto de maligna lástima, y luego se rieron de la estupidez de la jirafa. Esta por su parte se sintió satisfecha por el efecto de su comentario.

El mono aprovechó el instante en que las risas comenzaban a desvanecerse en resoplidos para hablar:

—Yo les tengo un chiste buenísimo.

Los animales lo miraron intrigados.

—Había una vez —y el mono comenzó a hablar que de franceses, nazis y judíos, que aviones, que paracaídas; y terminó su narración absolutamente satisfecho de sí mismo, con una orgullosa sonrisa en los labios.
 
Tras el cuento, los animales no habían entendido ni papa. Todos guardaron silencio, se miraron entre ellos confundidos. Después de unos segundos, en los que se mantuvo el incómodo silencio, la conversación volvió a surgir, olvidando rápidamente el incidente. El mono, herido en su alta dignidad, se alejó de allí refunfuñando para sí, quejándose de la ignorancia y vulgaridad de los salvajes animales.

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