viernes, 24 de enero de 2014

CUENTOS DE AMOR VACIO 1: LA NOVIA DEL EXTRANJERO


Al comienzo usted no era más que un rumor, palabras en la boca de mi madre, cháchara inconexa y borrosa. Ruido. Era una mujer, inteligente, con estudios, correctísima ala, trabajadora, de bien, me aburría, se me escapaba la mente mientras mi mamá trataba de vendérmela, pensaba yo en el dolor áspero que tenía en el pecho, la falta de sueño, la inapetencia. Entonces escuché: se va a casar. ¿y a qué viene toda esta charla? Tengo que irme amá.

Por alguna razón su nombre me quedo grabado (Laura) y cuando lo volví a escuchar la recordé, no a usted, sólo la vaga idea de su existencia. Mi mamá tenía una reunión, me pedía que la acompañara, Laura iba a estar, ¿recuerdas…, la mujer de la que te hablé? Sí, la recordaba. No sé por qué. 

Acepté ir a la reunión; forcé a mi mamá para que me fastidiara un poco, insistiéndome en ir con ella, para al final terminar aceptando a regañadientes. La verdad es que tenía curiosidad de saber cómo era usted, no qué personalidad tenía, sólo saber si era bonita. Pienso yo que es natural en un hombre sentir este tipo de curiosidad, lo hacemos todo el tiempo; pero no estamos preparados para que realmente esa curiosidad se convierta en un descubrimiento, en el fondo sólo se espera ser defraudado.

La reunión era en un apartamento en el Centro. De entrada me arrepentí: la situación consistía en una veintena de personas, unos sentados en sofás otros de pie, agrupados en pequeños números, sosteniendo conversaciones de temas que no se dan entre amigos, una mesa con demasiados pasabocas y con muy poco licor. Para fumar había que salir al balcón.

Mi entretención era adivinar quién era usted, mujer, recatada, de veinticinco, blanca, ojos grandes, labios rojos, sin maquillaje, pistas falsas todas, usted según mi capricho. Nadie se ajustaba, sólo habladoras, escotadas, putas elegantes, caras, negadoras de su condición de putas porque estudiaron alguna carrera universitaria de utilidad sospechosa; ni una sola posible ama de casa, sólo mujeres modernas, de esas que hablan fuerte, ríen de manera desproporcionada y se creen más inteligentes que los hombres, como si eso fuera algo de admirar.

Mi mamá se perdió entre los asistentes a la reunión, se hundió entre saludos y abrazos más o menos cordiales, se la tragaron los escotes y los dientes de las mujeres que seguro tuvieron tratamientos de ortodoncia en la adolescencia; yo me quedé muy cerca de la puerta, así no tenía que caminar mucho para entrar, ni mucho para salir. Por poco que sea el licor, siempre ayuda a que pase el tiempo y el peso de la vida social se haga llevadero, ya ni quería irme cuando mi mamá vino caminando hacia mí, la llevaba a usted de la mano. No lo alcancé a imaginar. Me la presentó y sin disimular se fue para dejarnos solos. A mí, un ser vacío y abominable, y a usted, una mujer de futuro prometedor y comprometida, pero es que el futuro no es más que una promesa incumplida y el demonio esta en todas partes, hasta en las buenas intenciones de una madre.

Empezamos a hablar y a los cinco minutos ya estaba enamorado de usted. Veía sus ojos hermosos y hablábamos de cosas de la infancia, usted sonreía y yo deseaba besarla, al menos en la mejilla, sentir su piel de seda, nunca le dije esa tarde que sus ojos eran hermosos, odio ser sincero con las mujeres, creo que la sinceridad es la forma más baja de cortejo: eres muy linda, me gustas, qué bien me caíste; todo eso es cierto, pero ¿decirlo sólo para tenerla desnuda, despeinada y apretujada contra mi cuerpo? Me parece cosa despreciable. Yo sólo quería ser ideal para usted, decir lo correcto, parecerle un buen tipo, aunque no lo fuera, no mencioné mis hábitos parasitarios, soy alcohólico, soy un miserable sin sentimientos bondadosos, ¡váyase! Usted era una buena mujer y nunca antes me había gustado una buena mujer, así que callé. Fue un acto de egoísmo y maldad, no de amor. Creo que nunca tuve un acto de amor frente a usted.

Cometí dos pecados ese día. No contarle quién era yo realmente, y pedirle su teléfono, la excusa era consultar su opinión sobre unos cuentos que yo había escrito, usted trabajaba en una editorial, pero yo no había escrito nunca un cuento. No hablamos de que usted se iba a casar, pero yo lo sabía. ¿Por qué usted también calló esa parte? ¿Qué estaba pensando de mí? ¿Por qué me dio su teléfono?

Esa noche, regresando a la casa, mi mamá volvió a hablarme de usted, pero esta vez presté toda mi atención. Su novio trabajaba en Australia, en dos meses vendría para el matrimonio, usted quería seguir trabajando, quería seguir en su ciudad, pero eso lo tenían que decidir entre los dos. Dos meses, es muy poco puto tiempo. sentencia de muerte, dos meses para el fusilamiento, cada día viviendo la muerte, ¿se hacen largos o cortos? ¿Cómo será saber que se va a morir? En ese momento pensé en esas cosas, y en la angustia insensata que me vino de repente.

Al recordar esos días sigo sin tener claridad sobre mis verdaderas intenciones frente a usted, puedo decir que obré de manera irreflexiva: la llamé sin siquiera haber escrito los benditos cuentos, tampoco los mencioné en la conversación, nunca más volvimos a hablar de los cuentos, yo nunca escribí un cuento en toda mi vida. Sólo le escribí una nota una vez, la de aquella noche del chiste del aguardiente.

Quedamos de vernos al día siguiente en una cafetería que los dos conocíamos y que al parecer nos quedaba bien. 

Esa tarde nos hicimos amigos, claro, seguía sin mencionarse mi pasado y su matrimonio. Empecé a pensar que usted lo sabía todo, así como yo sabía lo de su novio en el extranjero. Sin mencionar eso, obviando eso, negando eso, fue fácil nuestra amistad. Nos vimos varias veces durante las siguientes semanas; a veces eran cortos encuentros para comer, otras veces largas charlas en cafés hasta que nos avisaban que iban a cerrar ya en la madrugada.

Al mes de conocernos yo desaparecí, usted no supo que pasó conmigo, yo nunca le conté, supongo que sospechaba la razón. En esos días volví a mis antiguas amistades, regresé a mis lugares habituales, tomaba toda la noche, confundía rostros y canciones, besaba prostitutas con o sin pago, abrazaba desconocidos y me daba trompadas con mis amigos, vomitaba bajo las mesas y lloraba sin razón en los baños, me arrastraba en la madrugada hasta la puerta de la casa en donde dormía hasta que alguien me entrara cargado, vivía sólo para despertarme en la tarde siguiente y salir a buscar una cerveza y un compañero con el que pudiera hablar, todo terminaba en borrachera, nos decidíamos por ir al bar ese o al prostíbulo aquel, volvía la música, el grito, el aguardiente, el argumento insensato, el desvarío, los extraños que titilaban en mis ojos como lucecitas y que algunas veces desaparecían sin siquiera existir en mi consciencia, las calles, a veces nuevas, a veces repetidas, los tropezones, el barro en mis rodillas, moretones, sangre en las canillas, reptar hasta la puerta de mi casa, esperar que alguien me lleve a la cama.

Pero esta vez, y aunque suene estúpido, había algo diferente: de repente, usted aparecía varias veces en esas noches. No es que me emborrachara por usted, yo me emborrachaba porque es la única cosa que he sabido hacer en la vida, pero en medio de mi borrachera pensaba en usted, con cierto gustito como de acidez bajo la lengua, con cierta loca esperanza, también con maligna melancolía, como si su existencia me salvara de mi perdición, no de forma material, sólo de manera intangible, etérea si se quiere, pero cierta.

Ahora no sólo me quedaba dormido sobre una mesa húmeda de cerveza y sucia de ceniza, sino que lo hacía sin usted, sin su conocimiento. Pensé cierto día que debía volver a buscarla. Habían pasado tal vez quince días que para mí habían significado apenas unos pocos instantes de confusión, era demasiado tarde para volver a buscarla pero aun así lo hice.

Siempre le agradeceré la forma en la que respondió a mi llamada, se mostró tan alegre, tan satisfecha, con tantos deseos de verme, que de inmediato sentí como todos los tóxicos que habían entrado en mi cuerpo los días anteriores salían y me dejaban en paz.

Esa vez nos vimos en su apartamento. Usted dijo que quería invitarme a almorzar. No llevé vino, me pareció demasiado ridículo llegar a su puerta y esperar a que me abriera mientras sostenía ese detalle de sobria elegancia, adoptando una postura con decorosa etiqueta, a manera de mostrador ambulante. Llevé una botella de aguardiente, a usted le pareció graciosa la ocurrencia.


Pensé en mi mamá como un jugador de ajedrez que desde la primera movida ya preconfigura todo el juego, ¿yo sería su opositor que creía jugar para sí y lo único que hacía era seguir el curso del juego planteado por otro, o mas bien sería una ficha en el tablero sin la menor posibilidad de decidir? ¿Y si no fuera mi mamá la que esta detrás de todo esto, sino una fuerza superior, un jugador que ni se interesa en el juego y sólo mueve las fichas casi sin mirar y sin preocuparse por el destino de esas figuritas de madera talladas por el tiempo y olvidadas en el tablero polvoriento? El jugador todopoderoso mueve las fichas mientras ve su programa de televisión favorito, a continuación se limpia los dedos del polvo con un ligero gesto de malestar y prosigue a tomar una presa de pollo que esta en un plato junto al tablero de juego.

Estaba ebrio, a su lado, como lo he estado un millón de veces más. Jamás mencionamos al hombre con el que usted se iba a casar, tampoco hubo reproches cuando salí demasiado temprano huyendo de lo que sentí esa noche, amor, amor puro, amor de escolar, amor salvador y rejuvenecedor, y sólo, en mi carrera de huida, le deje esa nota: jaque al rey caído, la llamo pronto. No hubo reproches cuando yo regresaba a sus brazos después de desaparecer por semanas. Nadie ganó el juego, todos perdimos. Todos estos años no me atreví a confesármelo, lo veía pero de soslayo, prefería pensar que era una sombra borrosa de otra cosa y no de la derrota de mi madre, del esposo que nunca tuvo, de usted y de mí.








lunes, 11 de noviembre de 2013

HE DICHO

Hoy pido perdón
y perdono a todos,
y a partir de ahora
no existe más el perdón,
porque no existe el pecado y la culpa,
la moral o el remordimiento.

Las acciones de los hombres
son como los movimientos de un mosquito
atrapado en la brea.

¿Quién puede culparnos,
si sólo intentamos vivir,
cuando todo de lo que estamos hechos
esta hecho
para la muerte?

No es un día feliz,
no es un día triste,
es
un día,
y lo comparto
con la galaxia entera.

Me paro en medio de la muchedumbre
de gente, de montañas, de planetas,
muchedumbre de universos.
Trato de estirar mi cabeza
para ver el horizonte,
pero siempre hay algo más grande que lo cubre.

me sumerjo entonces
en la santa paz de los ignorados,
en el anonimato cósmico,
en días de libertad y olvido,
desmemoria
de los himnos y las banderas,
de credos y yo pecadores,
de rituales profanos y sagrados,
de tumbas que están, de tumbas que esperan.

Aleteo en el pesado mar negro
en el que vivo,
y voy quedándome dormido,
mientras un sol
en alguna parte
habrá muerto.

martes, 28 de mayo de 2013

PEGASO GALOPA



Las almas grises también sonríen.
Y los desamparados pueden ser amados.
Los espíritus nobles odian,
y hay verde en las ciudades.

Los vientos llevan semillas y hedor de muerte,

Muerte, final inherente a todo lo vivo,
el viento aviva y apaga la llama.

Es ese el mundo que conozco
y que trato de conocer sin éxito,
es como tratar de encontrar la verdadera cara
de una moneda,
o creer en la luz de la luna.

Soy una gran confusión,
y esa es la verdadera condición humana,
la certeza nos es ajena
como lo son las alas
a los pedestres caballos.

Pero, está Pegaso.


domingo, 5 de mayo de 2013

POEMA DE AMOR Y DESPEDIDA

¡Qué tarde es para todo!,
y llegan tarde estas palabras,
así debe ser para que tengan algún valor,
para que no sean ruego
ni cortejo

Sólo es el amor que se queda en el aire,
la vaga sensación de una vida juntos,
entrega absoluta
y resistencia al olvido.
El himno glorioso de una muerte intrascendente.
El poema de nuestro amor
que le quedé debiendo.

No es este el pago de la deuda,
es otra cosa,
no un adiós
no un para siempre,

es un beso en la mejilla,
son dos manos entrelazadas
que se sueltan delicadamente
en la sala de espera de un aeropuerto;
Una despedida sin viaje,
Un funeral sin cadáver,

es el instante en el que el llanto apagado
cede al sueño.

Y aquí me siento
a verte partir sin que ya estés,
pasando la noche en vela
al pie del ataúd vació de nuestros días juntos.

¿Qué tanto hay para recordar?
Demasiado,
un  mundo,
universos de vida,
madrugadas frías
ocultándonos en las cobijas,
silencios, canciones y llantos en las carreteras del abismo.

Voy mas atrás y recuerdo un encuentro,
nuestras primeras citas tímidas,
tu rostro, tus palabras…
Si te recuerdo sólo puedo amarte.

Te vas y me voy,
¿qué hay más triste que eso?
Quedarnos y destruir los recuerdos con realidades.
Vámonos para salvar lo que fuimos juntos,
¿estamos de acuerdo en eso?

Ahora que estoy solo
y no son más estas palabras para ella,
ahora que son murmullos de borracho,
puedo desvariar un poco
y verla partir mil veces,
imaginar su cuerpo alejarse,
una leve mirada por encima del hombro
como queriendo quedarse,
diciéndose a si misma:
no lo miro,
si le doy una mirada no podré irme.

Y se va,
llevándose con ella muchas más cosas de las que cree.

Se va con mi redención,
con mis buenos pensamientos,
mis modales
y mi cara cordial.

En su maleta empacó las fotografías de paisajes hermosos,
los colores cálidos,
las canciones de cuna,
las risas de los niños que nadan en el mar.

Se lleva mi desayuno,
mi almuerzo y mi comida,
mi adultez, mi juventud,
mi vejez,

y se lleva a ella, que es lo que más me destruye. 

En su vientre se lleva
los hijos que no quise tener,
el abrigo, la dulzura,
la vida,
pero no cualquier vida,
sino esa que se da los domingos en el parque,
los lunes en los recreos de colegio,
en las tardes cuando nos sirven café.

¿Y por qué dejar ir todo eso?
¿Por qué no luchar?

Tal vez tenemos cosas rotas en el alma 
contra las que no se puede…
No valen las buenas intenciones,

a veces la única salida para no acabar con un bello amor,
es terminar con él,

y eso fue lo que paso en mi caso.

jueves, 11 de abril de 2013

PAPELES PICADOS

Llueven del cielo papelitos
que llevan escritos los destinos de los pueblos
jirones de la historia que se hace
que se vive
que es estallido
lucha contra la corriente
asfixia  ahogo y muerte

Renacer

Shocks eléctricos  sufrimiento  muerte

Renacer

Y caen del cielo los dichosos papelitos
con canciones de rock y de protesta
con metáforas y palabras escuetas
con discurso y grito
con murmullo de presidio
revolotean por el cielo los papeles
y conmueven al caminante, al marchante
al huelguista, al mirón de ventana
al desocupado, al desempleado,
al puto muerto de hambre
conmueven
por ser victoria dentro de los que es
una derrota perpetua
un triunfo antes de que todo muera
antes de que todos muramos
derrotados o en la cárcel
escondidos llenos de miedo
tratando de pagar nuestras cuentas
o frente al pelotón de fusilamiento

Suena la música gloriosa en mis oídos
y los discursos eufóricos y aclamados
las voces al unísono que claman apenas lo justo
los pasos agigantados de cambio
o de vuelta al principio
pasos hacia alguna utopía.

Suena —Y esta es bendición imperdonable—
el amor acallando al odio

Odiar lo odioso es amar  así se exprese como odio

Hay sonido que me rodea
e imágenes de banderas multicolores que ondean
hay vida y palpitares
hay hacia delante
y posibilidad de dar el paso
hay todo lo que falta
al menos sobre el papel
sobre esos papeles picados que llueven del cielo
como si los enviara dios
que al despertarse sacudiera sus cobijas

todas las posibilidades del mundo
todas las palabras
todos los paisajes
come el hambre
se abriga el frío
se alegra la tristeza
se materializa la ensoñación
y nos hacemos libres

en medio de la lluvia
yo
estiro una mano
atrapo un papelito
y al tratar de leerlo
está en blanco.

viernes, 5 de abril de 2013

SALA DE ESPERA


Las historias siempre tienen
un antes y un después.
No la mía.

Los hombres tienen un pasado
en el que solían hacer,
en que solían vivir.
Yo solía lo que suelo.

Antes de la fama,
antes del éxito,
antes de la redención,
siempre hay un infierno
un al filo del abismo,
un caos,
una casi perdición.
No es así para mí.

Yo soy de esos,
cubrimos el planeta como espigas de trigo,
que vivimos hasta la muerte
en una sala de espera.

martes, 26 de marzo de 2013

FUGAZ ROMANCE EN UN BUS


Se ha ido la historia
me quedé conmigo
y un par de silencios bajo el brazo
que ahora leo y hago un resumen
ha pasado la vida
la suerte
y el destino
he amado a las pasajeras
que bajan antes de llegar a mi destino
y a las transeúntes que
desaparecen con las calles
y las puertas de los edificios
que se fugan hacia su propia existencia

Y mi bus sigue
enseñándome el devenir de las cosas
dándome cuadros de la ciudad pasajera
mi ruta es esta
y no otra
no porque sea mi ruta elegida
sino porque es esta y no otra
todas las calles que recorro tienen salida
van a dar a una nueva entrada
que tendrá su respectiva salida

Se sube a mi bus el mar el cielo las aves andinas
se sienta cerca de mí
y me mira
coquetea
y yo la miro con recelo
tímido
enamorado a primera vista
esperando que me hable
pero prefiriendo que no lo haga

Escojo que se pare de su puesto y me sumerja en  su matriz
en su esencia
y me mate de una buena vez
para ser libre
es mi decisión
pero no depende de mí
sigo sentado
bañado en cemento y cristal
en acero y hormigón
en sólida penumbra
en ignorancia de vida

Sabiendo
eso sí
que los segundos son contados
por un tipo gris y sin rostro
que no da espera

El viento las olas la categórica fiereza
se bajan en la calle Cualquiera
Inesperada
nada metafórica
y me quedo viendo un resplandor
una ceguera un abismo
un ver
luz que oculta
veo
y creo que alucino
a mi amor que se expande y se convierte en fachada citadina

Veo y no veo
a la concreta y fugaz pasajera sin rumbo
que se baja llevando consigo
el boleto de viaje
para las infinitas carreteras en fuga.