lunes, 2 de julio de 2012

ABRE LOS OJOS NIÑA HERMOSA

 
Abre los ojos, niña hermosa,
que quiero de algún modo
encontrar tu mirada.

¿Por qué duermes
si aún no estoy cansado
De mirarte?

Si en este bus
en el que estás sentada
y yo de pie,
mientras la gente
me apretuja,
no hay nadie
y bien podríamos mirarnos.

Si tu nariz tu frente
tu quijada
tus pestañas que parecen
pincelada exagerada
si tu maleta aprisionada
entre tus brazos
si tus manos desvanecidas por el sueño
si tu dormida no me hablas,
por qué no abres ya tus ojos y me miras,
me dices dulcemente que hay algo:
un breve suspiro que me salva.

Estamos los dos, aunque no sepas,
en una fría madrugada sabanera
y los dos podemos aliviarnos,
como si tus ojos se abrieran
y me sonrieran un poco.

Abre los ojos un instante,
niña hermosa,
vuelve a dormir
con la esperanza
de que algo mío
aparezca en tus sueños.

Pero no,
ahora temo,
tal vez sea demasiado asombroso
ver tus ojos que me miran,
felicidad insoportable
espera consagrada realizada
milagro categórico
que llega

no

porque temo
que sean mis esperanzas satisfechas
como darle a un judío su Mesías.

Ahora
abres los ojos
y me miras distraída
entonces
cierra los ojos niña
y déjame
mirarte sin reproches.

Vuelve a dormir,
niña hermosa,
que mirarte sin que estés
es mi único reposo.


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