Nadie ha recorrido largas
distancias sin quedar atrapado en un lugar por largo tiempo. Esto no significa
que ese lugar fuera una estación estipulada en el viaje ni que ofreciera
sitios de especial interés.
Nada más lejano a la vida del
viajero que la planificación. Pensemos más bien en una historia de terror. Los
lugares saltan al rostro del viajero y le degüellan por sorpresa, dejándolo
ahí, tirado en el suelo de un cruce de calles mientras se desangra.
Un día, de repente, el viajero se
levanta y, sin notar que ha muerto, sigue su camino.
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