jueves, 19 de julio de 2012

RELATOS DE VIAJE. 10 LAS CALLES

 
Caminar por las calles de una ciudad desconocida es un placer desviado, enfermo, aberrado, es desear la muerte.

El fantasma que deambula no se puede rozar con nadie, no puede escuchar las voces ni ver los aparadores. Las puertas, todas, le son vedadas. Si toma un bus es a ninguna parte y traiciona su misión.

Tantea en su bolsillo unas monedas inútiles y absurdas que bien podría arrojar a las ruedas de los veloces autos, podría arrojarse a sí mismo y ver la ciudad desde abajo.

Ahora mismo sé de alguien que camina por las calles de una ciudad desconocida. Es una historia hermosa de contar. Llegó allí huyendo, única razón del viaje, y no sabe como poner un pie frente al otro, ni como detenerse, pero hace ambas cosas. Lee el nombre de cada calle que recorre y trata de enamorarse, de decir: —esta es mi calle—, pero pasa a la siguiente.

Al fin la ciudad terminará y vendrá el campo, sin nombres, ni calles. Aún no llega ese momento, así que no hay final para esa historia, que cuento muy por encima, por ser hermosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario