Las playas son un lugar
maravilloso. Casi podemos decir con exactitud todo sobre ellas: a qué horas del día
sube y baja la marea, y cuánto se acercan o se alejan los peces. Podemos saber
en qué temporada del año es propicio visitarlas para encontrarlas soleadas y atestadas
de gente, o frías y solitarias. Hay unas regiones en las que siempre están
soleadas, pero también tienen un flujo claramente identificable de gente que va
según el mes del año. Es más, puede también determinarse cómo cambia el número
y las actividades de la gente en la playa mientras avanza el día y llega la
noche. Sobre la playa quedan muy pocas cosas que no puedan ser cuantificadas,
cualificadas o que aún no hayan sido dichas, pero en esas pocas cosas, radica su
maravilla.
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