Si tomamos un tren desde un punto
A hacia un punto B, y no podemos hacer otra cosa, existen varios tipos de
paisaje: uno de ellos es el que pasa y otro es el que está todo el tiempo,
ambos habitados de rostros, uno con voces, otro con silencio; a los dos los
recordamos como si hubieran sucedido aunque no sea así.
Entonces los rostros pueden tener
nombres, y esos nombres tener vida propia y querer escapar del paisaje, pero el
tren sigue y los anula, los convierte en imagen que se fusiona con la siguiente
hasta no tener forma, y las voces se ligan una a la otra hasta ser ruido
informe, líneas entrecruzadas, deslizamiento.
Nada garantiza que el que tomó el
tren escape a esta situación. Observador observado, todos son personajes
secundarios que se mezclan hasta que se desvanece el punto de mira.
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